Feliz Pascua

Estrenamos una mañana de Luz. Todo huele a fiesta, es la PASCUA. La alegría nos invade porque ¡Cristo ha resucitado!. Es la realidad que llena todo de vida y que da sentido a nuestra vida de consagradas.

Aunque este es el sentimiento que nos expresamos, somos conscientes de que hay misterios que, por mucho que se celebren y se compartan, siempre nos desbordan, y éste es uno de ellos. Tenemos que acudir a la experiencia para que su silencio se haga palabra y la palabra vida y vida entregada. 

Para expresarla solemos  acudir a los signos de la Resurrección que nos iluminan y nos la hacen más diáfana: lo cerrado se abre, lo abatido se levanta, lo finito se dilata hasta el infinito, la interioridad se recrea embellecida por una presencia, la creatividad y el compromiso se proyectan hacia lo nuevo. Cristo está para siempre con nosotros. 

Nuestro Dios ha volcado todo su amor en la historia humana, resucitando y abriendo las puertas de su casa a quienes le hemos llevado a la cruz. La historia ha quedado marcada para siempre por este amor y nuestra vocación lleva implícito el ser testigos de él ante los hombres. 

El empeño que acompasa nuestros pasos, en el camino de la vida, ya no es otro que el de ser canales de gracia, esparciendo, en miles de detalles, su amor incondicional; proclamando que Dios está vivo y le vemos presente en cada acontecimiento de la vida, porque Él la dirige y sostiene. 

El Papa Francisco nos invitó a vivir la Cuaresma de la mano del don de la Palabra y de los hermanos, como camino de conversión para resucitar inundados de la Luz de la Pascua. Nuestras constituciones nos dicen que : “Como la Madre de Jesús, que guardaba fielmente en su corazón el misterio de su Hijo, la concepcionista se dedique todos los días  a la lectura y meditación del santo Evangelio y de las Sagradas Escrituras” (CCGG. art. 77,1) y “La comunidad de concepcionistas acoge a cada hermana como un don del Señor” (CC.GG. art. 100). Estos medios nos facilitan abrir nuestros ojos y nuestro corazón a las presencias, dejar atrás nuestra ceguera, como nos acaba de recordar el Papa Francisco, y ser testigos de la presencia resucitada en medio de su Iglesia, que se deja ver y se nota cada vez que hacemos vida la Palabra; cada vez que dejamos a la gracia que nos configure, como María; cada vez que nos queremos; cada vez que compartimos con el otro; cada vez que nos superamos; cada vez que damos gracias por la vida; cada vez que nos perdonamos y damos de lo que tenemos; cada vez que ofrecemos lo que somos; cada vez que somos portadoras de paz; cada vez que damos y sembramos alegría en tantos corazones dolientes; cada vez que hacemos comunión y fraternidad entre cuantas habitamos y constituimos la comunidad; conscientes de que el bien se irradia e irá generando una honda expansiva que alcance al mundo, de modo que lleguemos a vivir el mandamiento del amor al estilo de Jesús y con la fuerza de su Resurrección, proclamando que ése es también nuestro destino. 

Con Ntra. Sra. de la Pascua, con María Magdalena y los demás discípulos permitamos que resuene el  canto de Aleluya y de alabanza que lleva incrustada la melodía del amor y del servicio.

Con Él en medio, VIVO, ya nada vuelve a ser igual. Seguirá habiendo momentos de dificultad pero, con Él, todo tiempo es tiempo de salvación. El eco de la vida es ya imparable. 

Cada Pascua los cristianos celebramos y anunciamos este acontecimiento fundamental de nuestra fe: ¡Cristo ha resucitado y vive para siempre!. Él es el Señor de nuestras vidas. Es el convencimiento que me lleva a desearos una Feliz Pascua, en nombre de todas las Presidentas que formamos la Confederación Santa Beatriz de Silva

Un fraternal abrazo: 

Hna. Mª del Carmen Mariñas
Coordinadora de la Confederación Sta. Beatriz de Silva

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