100 Años de las Apariciones de Fátima

 Se acerca el Centenario de las apariciones de Nuestra Señora en Fátima, Portugal, y con ello va creciendo el júbilo de sabernos tan amados, tan cuidados por la Madre de Dios…

Podríamos exclamar como Isabel, cuando la visita la Virgen en Ain Karen: ¿Cómo es que la Madre del Señor viene hacía mí? Sí, creo que es el sentimiento que el pueblo portugués tiene en su corazón, sobre todo en este Año de Gracia en que se celebran 100 años de las primeras apariciones de la Madre de Dios en Fátima.

El mensaje de la «Señora más brillante que el sol» vino a traer la brisa del Cielo en un tiempo conturbado, de incertidumbres, grandes sufrimientos y guerras. ¿No estaremos también ahora viviendo tiempos semejantes? ¿No serán actualísimas las palabras de la Virgen a los tres pastorcitos? ¿No necesitaremos ahora, como entonces experimentar la cercanía de la ternura y la compasión de Dios?; ¿de escuchar, como los videntes de los labios del Ángel: «Los corazones de Jesús y de María tienen sobre vosotros designios de misericordia.»? Es un acontecimiento que me desborda, pensar que el mismo Dios envía a la Santísima Virgen para estar con sus hijos, para hablarles, prometerles la paz, pedirles colaboración en la obra de la redención, a través de la oración y la penitencia, para consolarlos y “meterlos” en el mismo corazón de Dios.

Confieso que de niña y adolescente no le tenía mucha devoción a la Virgen de Fátima, es más bien un amor que va creciendo a medida que voy comprendiendo el maravilloso mensaje que la Señora nos dejó y que me gusta resumir en estas palabras que ella misma ha dicho: «Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá hacía Dios». María como la puerta, la escalera que me lleva a mi Señor Jesucristo; María, la Madre atenta y cariñosa que conduce a sus hijos al camino del Padre, que apunta inevitablemente a Cristo, como en las bodas de Caná: «Haced todo lo que Él os diga».

A mí me ayuda pensar que la Toda Pura, la Inmaculada, en Fátima se hace peregrina en medio de su pueblo, se baja de su trono de Reina Celestial para indicarnos el camino en el mismo polvo de la carretera, en el día a día, en medio de nuestra existencia, en nuestros quehaceres más sencillos, como a los pastorcitos en medios de sus rebaños.

Que sepamos estar atentos a su acción maternal que nos apunta al amor del Padre y agradecer todas las bendiciones que nos vienen a través de «la Blanca Señora», en especial a lo largo de este Centenario de las Apariciones de Fátima.

Sor Inês da Santíssima Trindade 

Monasterio de Campo Maior

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