PROFESIÓN SOLEMNE EN VISEU (PORTUGAL)

7 de octubre de 2017 ¡SÓLO POR HOY QUIERO AMAR! Soy la Hermana María de Fátima. En septiembre del año 2011, toqué al timbre del Monasterio de Santa Beatriz da Silva, en Viseu ... sentía en mi corazón un deseo de entregame, de decirle Sí a Cristo … me sentía profundamente amada. Mi deseo era de entrega radical y como señal exterior, vestir un hábito.

A la hermana que me recibió comencé por contar un poco de mi historia ... Después de haber participado, en octubre de ese mismo año, en el Congreso celebrado en Fátima, que señalaba la celebración de los 500 años de aprobación de la Regla Propia a la Orden de la Inmaculada Concepción, hice la experiencia vocacional, en dicho Monasterio, en noviembre, la cual se prolongó hasta el significativo día 8 de diciembre.

Tratando de todo lo que es necesario para "dejar una forma de vida y empezar otra", entré en este monasterio el 5 de marzo de 2012.

Comparto con vosotros, ahora, algunos rasgos de mi historia personal, para que me conozcan un poco mejor. Nací el 17 de abril, Jueves Santo, en una pequeña aldea que vivía de la agricultura y del pastoreo. Fui bautizada el domingo, 27, pues nací en el seno de una familia católica. En mi memoria están bien presentes los testimonios de participación en la Iglesia, la oración del Ángelus - tres veces al día - y el Rosario. Me acuerdo de las procesiones, de las celebraciones de la Semana Santa, del pesebre. Pero lo que más me marcó en la infancia fue el Viernes Santo y la Adoración a la Eucaristía.

A los 5 años, me fui vivir para Luanda (Angola), con mi madre y mi hermano; porque mi padre ya estaba allá desde mis 15 días de vida. En Lisboa, antes de embarcarnos, nos despedimos de una tía, que en aquel momento servía al Señor, en la casa de San Benito Meni. Cuando vi a las monjas dije en mi corazón: "Quiero ser así, quiero ser monja." En Luanda, con la adolescencia, vino la rebeldía y me alejé de la Iglesia. Pero nunca dejé de tener fe. Más tarde regresé a Portugal, hice el curso de Educadora infantil y trabajé varios años. Pero un día, -porque Dios nunca desiste-, volvió a interpelarme… Comencé a formar parte del Camino Neocatecumenal. Fue el comienzo de mi conversión, volví a la Iglesia. Dios quería "meterse conmigo". Mi Sí definitivo lo he dado, el 21 de agosto de 2000, en un encuentro vocacional con Kiko, en la Jornada Mundial de la Juventud.

Después de buscar y experimentar la vida religiosa, sentí desilusión y confusión interior. No estaba entendiendo lo que Dios quería. Entonces, -¡cuánta "osadía" la mía!-, le dije: "para ti nada es imposible, hace casi doce años, que vivo con esta inquietud, me haces sentir la urgencia en buscar dónde es mi lugar, la respuesta es siempre la misma y la misma justificación, entonces o Tú resuelves esta situación o yo desisto.”

En el Monasterio de Santa Beatriz,- en el que entré, como he dicho anteriormente-, fui descubriendo cada vez más el Amor de Dios y consolidando mi llamada. Todo este tiempo que transcurrió hasta mi Profesión de Votos Solemnes, fue de discernimiento, de crecimiento, de purificación; tiempo de entender, y vivir mejor la vida fraterna, de darme más, de amar más. En la vida son normales las dudas, las crisis ... todo esto me ayudó a tener más certezas y a querer, aún más, ser hija de Santa Beatriz.

En el retiro, vi claramente el Amor de Dios, y cuando pensaba en lo que iba a realizar me sentía aniquilada, con ganas de llorar, ante un acontecimiento tan extraordinario, y que me sobrepasaba en todos los sentidos. "¿Yo, desposarme con Cristo?"

El día llegó, 7 de octubre. Me sentía felicísima por todo el amor con que estaba rodeada por mi Comunidad, por la familia y los amigos. La ceremonia fue presidida por D. Ilídio Leandro, Obispo de nuestra diócesis. Todo fue cuidadosamente preparado… los cánticos fueron interpretados, en su mayoría, por las Comunidades Neo-catecumenales de Viseu y Viana do Castelo. Aunque me sentía "sola", intenté vivir todo con intensidad, y profundidad, y me sentía de hecho muy acompañada; hubo una participación muy activa en toda la celebración. Para mí, el momento más fuerte, fue cuando puse mis manos, en las manos de la Madre Abadesa, y pronuncié la fórmula de la Profesión. Este fue un día muy significativo, sentí interiormente la necesidad de vivir una entrega de mayor radicalidad y amor por toda la humanidad, en unión con Dios, con María Inmaculada y Santa Beatriz. Mi lema es: "Sólo por hoy quiero amar". No termina aquí el camino, sino que se inicia un tiempo de más entrega y abandono en las manos de Dios, y siempre sostenida por la fraternidad y la oración.

¡Sea Alabado nuestro Señor Jesucristo, para siempre sea alabado, y su Madre María Santísima!

Hermana Maria de Fátima dos Sacrários

ozio_gallery_nano

Este sitio web utiliza 'cookies' propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio. Al navegar o utilizar nuestros servicios, aceptas el uso que hacemos de ellas. Puedes cambiar la configuración de 'cookies' en cualquier momento. Política de privacidad. politica de cookies.

  
ACEPTAR