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La Orden Inmaculada

Carisma y espiritualidad de la Orden de la Inmaculada Concepción


El término carisma es un vocablo procedente de la raíz griega char y hace referencia al objeto y resultado de la gracia divina. Es un regalo otorgado por Dios a los creyentes de cualquier grado o procedencia.
En el Antiguo Testamento el término carisma no aparece, pero su acción es visible en jueces, profetas, reyes que movidos por el Espíritu Santo, que en definitiva es el que mueve la acción carismática, llevan a cabo acciones y tareas dirigidos por este mismo Espíritu de Dios.
Es ciertamente San Pablo quien introduce el uso de la palabra carisma para señalar Dones particulares concedidos por Dios distintos miembros de la comunidad cristiana. Pablo, lee en los carismas la acción y la eficacia de la única gracia ofrecida benévola y gratuitamente por el único Espíritu, que diversifica en cada persona singular, para producir en cada una de ellas una determinada capacidad, apta para servir a la comunidad eclesial.
Dejando atrás lo que sobre este tema dicen muchos de nuestros Santos Padres y Concilios, dando un buen salto en el tiempo, llegamos hasta el Concilio Vaticano II. En el cual leemos: "Corresponde al Vaticano II la gloria de haber restituido al término carisma su significado primitivo más pleno, no limitado únicamente a comprender hechos extraordinarios, sino también los más simples y comunes".
Y ya entrando en el tema de fundadores y fundadoras en lo relacionado con la Vida Consagrada, en el mismo concilio leemos que: "Es un signo concedido para servir a la entera unidad eclesial mas que para la santificación de la propia persona que lo recibe. Es un modo sacramental de participar en la naturaleza sacramental del pueblo de Dios".
Carisma de fundación:
Dimensiones fundamentales: En el carisma de fundación podemos distinguir cinco dimensiones fundamentales.
1)    Pneumático-profética, en función de la germinación continua de una existencia evangélica vivida y testimoniada.
2)    Cristológico-evangélica, en función de la comprensión y de la calidad central del misterio de Cristo como experiencia global de vida.
3)    Eclesial, relacionada con la edificación continua del cuerpo mística de Cristo y de su verificación en la historia.
4)    Fecundación espiritual, en cuanto que recurre a la permanente realización y transmisión de la vida cristiana.
5)    Escatológico-radical, por la actualización del seguimiento evangélico contenido en el dinamismo de una continua tensión hacia la plena madurez en Cristo. (Cf. Diccionario teológico de la Vida Consagrada).
Una vez dicho, muy de puntilllas, algo sobre el término carisma y sobre el carisma propio fundacional, nos adentraremos ya el carisma otorgado a nuestra Santa Madre Beatriz, de cuya herencia nos sentimos gozosamente responsables.
"Santa Beatriz de Silva dio origen en Toledo a una nueva Familia Religiosa que encuentra su raíz y su razón de ser en la Iglesia en la contemplación del misterio de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María y en el empeño por imitar y reproducir sus virtudes". (CC.GG. página 13).
Esta orden ha venido desarrollando su propia identidad a través de cinco siglos. Ha intentado vivir siendo fiel a sus orígenes, sin dejar de seguir el rastro del Espíritu por las diferentes etapas que va atravesando la historia. Desde los inicios hasta nuestros días nuestra forma de vida se ha venido consolidando armónicamente, ha dado a la Iglesia frutos admirables de santidad y doctrina, pero sobre todo intenta dar testimonio de ferviente espiritualidad mariana inmaculista, que es dónde encuentra su manantial de fecundidad.
Las monjas de la Orden de la Inmaculada Concepción, conscientes que el "carisma es fruto del Espíritu, que actúa en la Iglesia, hacen todo lo posible por custodiarlo integralmente, tal como la Iglesia nos lo ha confiado. Lo acogemos con alegría y lo intentamos vivir con renovada fidelidad y alegría, buscando vivir en pureza de corazón para alcanzar la verdadera y perfecta caridad, tal como lo hicieran las hermanas que nos han precedido en el curso de la historia.
Siguiendo ese brote carismal y espiritual con el cual el Espíritu plenificó a nuestra Madre Fundadora e inició un camino de santidad evangélica en la Iglesia, las Hermanas de esta Orden "viven en común, sirviendo al Altísimo y a la Bienaventurada Virgen María", envueltas en la luz del misterio de la Inmaculada Concepción.
"Inspirada y llamada por Dios" R 1) " La Orden de la Inmaculada Concepción, fundada por Santa Beatriz de Silva, es un Instituto Religioso en el que las Monjas, siguiendo más de cerca de Cristo bajo la acción del Espíritu Santo, viven el Evangelio según la Regla y forma de vida, aprobada por el Papa Julio II". (CC.GG 1).
La Hermana concepcionista consagrada su vida totalmente a Dios. Intenta vivir sólo para El, buscando incansablemente que Dios sea el Absoluto de su vida. Se siente desposada con Jesucristo y permanece íntimamente ligada a la luz de Cristo nuestro redentor.
Por el sendero de los pobres y de los humildes, la Hermana concepcionista vive unida a la Iglesia de modo especial. Trata de vivir para el servicio del Reino al que se entrega como hostia viva en cuerpo y alma.
La vida diaria de cada Hermana se desarrolla en y desde la contemplación. Se siente seducida por el amor de Dios y se dedica, desde la fe, la oración la disponibilidad y el ocultamiento silencio a profundizar, contemplar, asimilar y asociarse al gran misterio de Cristo nuestro Redentor. Desde ese misterio de amor de Cristo, la Hermana concepcionista sufre y ora por todos los hermanos, llevando en su corazón el gozo, la incertidumbre y la esperanza de cada ser humano, sobre todo de los más pobres y débiles y siguiendo el ejemplo de Sta Beatriz, ayudándoles materialmente en sus necesidades desde nuestra propia pobreza
A ejemplo de Santa Beatriz, la Hermana concepcionista hace de su vida una permanente oblación, consagrando todo ser y su hacer al servicio del Altísimo, honrando ininterrumpidamente a la Virgen María en el misterio de su Concepción Inmaculada.
Una de las facetas de nuestra espiritualidad que arranca desde los orígenes hasta hoy es la de nuestra vinculación con al Orden de Hermanos Menores. Pues su ayuda fraterna ha sido a lo largo de los siglos de valiosa ayuda. Con ellos nos encontramos en la contemplación del misterio de María, que también es parte integrante de la espiritualidad franciscana.
El carisma y la espiritualidad de una Orden, que parte siempre de una fuente y tiende permanentemente hacia una meta, no se pueden encerrar en las etapas del los distintos tiempos históricos. Concretamente en el nuestro, son un elemento que ha vivido durante estos cinco siglos un proceso evolutivo de enriquecimiento que se inició con la Bula Inter Universa para culminar con la Bula Ad statum Prosperum. Y este continuo dinamismo se intenta vivir, desde cada monasterio, de acuerdo con los signos de los tiempos y tratando de ser respuesta a los cambios y necesidades de la Iglesia y del mundo actual, procurando mantener siempre viva la lámpara que el Espíritu encendió en Santa Beatriz.


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