DEJEMONOS AMAR POR EL…

Dice el Papa Francisco: …“¿Quieren aprender a amar? Miren a Jesús” “Él nos enseña la belleza de amar y de sentirse amados… La manera de devolver tanto amor es abrir el corazón y dejarse amar.”
Toda persona es misterio, una realidad irrepetible, singular, única, si así es el misterio de cada persona qué podemos decir del Misterio del Amor de Jesucristo, ¿Quién podrá descifrar ese enorme Misterio de ternura y misericordia de un “corazón que nos ama tanto”?

El corazón humano busca incansablemente la intimidad con el Señor. Pero para que se encuentren Dios y el hombre es necesario cultivar y alimentar en el corazón un amor cálido por Él, si no nuestra vida estará vacía porque sólo Dios puede llenar el corazón del hombre. Entonces si hemos aprendido de Él, en la intimidad de nuestros encuentros, lo que es el amor podremos amar a los demás con sus mismos sentimientos.

Si nos detenemos a contemplar, vemos cómo el Señor recurría con perseverancia a la soledad de la montaña para tener un encuentro íntimo y amoroso con su Padre, “Jesús se fue a una montaña a orar, y pasó toda la noche orando a Dios” (Lc 6,12) es en el terreno de la oración donde vislumbramos un Jesús humano y frágil, necesitado del trato directo con el Padre, para sacar de allí energía, fuerza, seguridad y paz; si Jesús no se hubiera retirado con esta asiduidad y constancia a la oración, no hubiera podido ser el hombre para los hombres, despreocupado de sí y preocupado por los demás, el rostro de la Misericordia y bondad del Padre, el Amor por excelencia; para Él era una necesidad. La vida es un combate, pero para Jesús fue un combate sin tregua, (si no hubiera sanado sus heridas todos los días en la oración), fue perseguido y maltratado hasta la muerte…

"Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo" (Jn 13, 1). “ Nadie tiene amor más grande que el que da la vida” (Jn 15, 13)

Ya sabemos lo que ocurre con nosotros cuando respiramos por las heridas, por eso necesitamos abandonarnos en los brazos amorosos del Padre diariamente, es para nosotros igual que lo fue para Él una necesidad, para no convertir nuestra vida en un estrés constante, en un amar solo de palabras y no de obras, en una rutina, sino para recuperar la serenidad y el descanso interior, para hacer nuestro corazón semejante al suyo, con nuestras debilidades y fragilidades, pero con la seguridad de sentirnos amados por nosotros mismos, en ese estar a los pies del Otro y quizás no decir nada y, sin embargo, en ese no decir nada puede haber una densidad de comunicación más que con todas las palabras del diccionario. Basta una mirada del Señor para cambiar nuestras vidas. Dejémonos mirar con Amor por el Señor en la intimidad con Él, en el silencio… Esto es un privilegio.

Jesús necesitaba de la oración para ser el reflejo del corazón amoroso de su Padre, nos invita a salir de nosotros mismos y a abandonar nuestras seguridades humanas para fiarnos de Él. Sigamos su ejemplo, a hacer de nosotros mismos un don de amor sin reservas, no busquemos otros refugios cuando hay un Corazón abierto siempre para nosotros, somos amados y mirados por el Señor en gratuidad.   A lo largo de todo el Evangelio se encuentran los frutos de esta asidua y perseverante unión de Amor del Hijo con el Padre, en la oración constante, como ejemplos podemos citar:

En el episodio de la viuda de Naím (Lc 7,11-17). Dice el evangelista Lucas: “Al verla, el Señor se conmovió” (v. 13) Jesús dice a la viuda de Naím:” ¡No llores!”

“Al desembarcar vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos” (Mt14,13-21)

“Le quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor” (Lc 7, 36-50)

“Mujer, ¿Nadie te ha condenado?” Ella respondió: “Nadie, Señor”. Jesús le dijo: “Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más” (Jn 8, 1-11)

“Jesús lo miró con amor” (Mc 10, 21-23)

“Padre perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 34)

Las palabras y gestos del Señor están siempre llenas de misericordia y Amor, contemplemos cada día de nuestras vidas al “Amor”, “contemplemos al Señor” sin palabras, solo de corazón a Corazón, el Señor sabe lo que hay en nuestro interior, está siempre con nosotros y El mismo nos dice de nuevo “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.”( Mt 28, 19).

Recordemos las palabras del Papa Francisco, “El Señor nos mira siempre con misericordia, nos espera con misericordia. ¡No tengamos miedo de acercarnos a Él! ¡Tiene un corazón misericordioso! Si le mostramos nuestras heridas interiores, nuestros pecados, Él nos perdona siempre.

¡Es pura misericordia! No olvidemos esto: es pura misericordia. ¡Vayamos a Jesús!”

Comunidad de Cabeza del Buey 

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