TERCER DOMINGO DE PASCUA


En los relatos pascuales dos expresiones son las más utilizadas: el anuncio de la resurrección a las mujeres y la aparición a los discípulos. El evangelista san Lucas nos presenta hoy éste último, recogiendo a la vez la mayor parte de los temas que aparecen en estos relatos:
- La presencia de Jesús en medio de los discípulos.


- La paz y la alegría, frutos del encuentro con Jesús resucitado.
- El resucitado es el mismo que fue crucificado, no es un fantasma.
- El comer con ellos, que era lo que hacía antes de morir.
- El abrir la inteligencia de los discípulos para que comprendieran las Escrituras, es decir, para comprender el proyecto de Dios.
- El aceptar la figura del Mesías que tiene que pasar por el sufrimiento y la muerte, no por el triunfo, ni el poder humano.
- El envío del Espíritu.
- Ser testigos, la misión encomendada.
La fe cristiana nace de la resurrección de Jesús y por eso, san Lucas insiste que Jesús no es un fantasma, ni una idea, ni un recuerdo, es el mismo, pero con un nuevo modo de presencia. Es el mismo, pero ya no es lo mismo. De ahí que no sea fácil reconocer al Señor, el evangelista señala detalles que indican que es un ser humano íntegro (ser tocado, comer)
Ahora bien es inútil querer reconocer al resucitado si no somos capaces de contemplar las llagas, en manos y pies, del que murió crucificado; si no somos capaces de compartir lo que tenemos para comer.
Cada vez que se reúne la comunidad, cada vez que se proclama la palabra, aparece Jesús resucitado, porque él mismo, en persona, está resucitado.
Por eso creer es vivir toda nuestra vida con espíritu pascual, o sea, como nacimiento constante a la vida nueva de Dios.

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