SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS


“El corazón del Buen Pastor no es sólo el corazón que tiene misericordia de nosotros, sino la misericordia misma. Ahí resplandece el amor del Padre; ahí nos sentimos seguros de ser acogidos y comprendidos como somos; ahí, con todas nuestras limitaciones y nuestros pecados, saboreamos la certeza de ser elegidos y amados.
El corazón del Buen Pastor nos dice que su amor no tiene límites, no se cansa y nunca se da por vencido. En él vemos su continua entrega sin algún confín; en él encontramos la fuente del amor dulce y fiel, que deja libre y nos hace libres; en él volvemos cada vez a descubrir que Jesús nos ama hasta el extremo, sin imponerse nunca.
El corazón del Buen Pastor está inclinado hacia nosotros, «polarizado» especialmente en el que está lejano; allí apunta tenazmente la aguja de su brújula, allí revela la debilidad de un amor particular, porque desea llegar a todos y no perder a nadie.
Dios “se ha enamorado de nuestra pequeñez, y por eso nos ha elegido. Él elige a los pequeños, no a los grandes, sino a los pequeños. Él se revela a los pequeños: “Has escondido estas cosas a los sabios y a los doctores y se las has revelado a los pequeños.” Si quieres conocer algo del misterio de Jesús, abájate. Hazte pequeño. Reconoce que no eres nada.”
Dios “no sólo escoge y se revela a los pequeños, sino que llama a los pequeños: “Venid a mí, vosotros que estás cansados y agobiados, yo os daré el descanso”. Nosotros que somos pequeños, por el sufrimiento, por el agotamiento…, Él nos escoge, escoge a los pequeños, se revela a los pequeños y llama a los pequeños”. “Su corazón está abierto, pero los grandes no se arriesgan a escuchar su voz porque están llenos de sí mismos. Para escuchar la voz del Señor es necesario hacerse pequeños”.
El corazón de Cristo, un "corazón que ama, que elige.“ Es de ese modo como se descubre el corazón de Cristo, “el corazón de la revelación, el corazón de nuestra fe porque Él se ha hecho pequeño, ha elegido ese camino.” El camino de humillarse y empequeñecerse “hasta la muerte” en la Cruz. El corazón de Cristo “es un corazón que ama, que elige, que es fiel, que se vincula a nosotros, que se revela a los pequeños, que llama a los pequeños y que se hace pequeño.”
Dirijámonos a la Virgen María: su corazón inmaculado, corazón de madre, ha compartido al máximo la «compasión» de Dios, especialmente a la hora de la pasión y de la muerte de Jesús. Que María nos ayude a ser mansos, humildes y misericordiosos con nuestros hermanos.
Papa Francisco

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