LLAMADAS A VIVIR COMO HERMANAS

Nos reunimos el pasado día 8 de julio en la casa Federal de Mairena del Aljarafe un grupo de 15 hermanas jóvenes solemnes de los diferentes Monasterios de la Federación Betica Santa Mª de Guadalupe, (Cabeza del Buey, Campo Maior, Cuenca, Montilla, Osuna, Puerto de Santa Mª y Viseu) tuvimos también la alegría de compartir esos días intensos de formación con una hermana procedente de la Federación de Ntra. Sra. De Aranzazu, de la comunidad de Malabo.

Después de la oración de Vísperas, nos reunimos con la Madre Presidenta, Sor Mª José Hidalgo López. Nos invitaba a vivir este curso con agradecimiento, dando gracias por lo afortunadas que hemos sido en poder pasar estos días de formación, a ser semilla en la comunidad a dejar huella.

Nos comentó algunos puntos de la nueva Instrucción “Cor orans”, relativos a la formación y nos alentó a vivir este curso con ilusión y generosidad, centradas en lo esencial, configurarnos con Cristo.
Por segundo año consecutivo tuvimos el gozo y el regalo de tener como profesora a Vicky Irigaray, laica, especializada en la formación en temas de humanización, personalización y acompañamiento. En la actualidad se dedica al acompañamiento a enfermos terminales y a la formación. Es profesora del instituto Vida religiosa del País Vasco.
El objetivo principal de este curso ha sido reflexionar personalmente y en grupo sobre las implicaciones que tiene el haber sido llamadas a vivir en fraternidad. Ahondando en lo personal para ser puentes de fraternidad en nuestras comunidades, aprender a mirar mi realidad y la realidad comunitaria como la mira Dios.

Os trasmito algunas de las ideas que hemos ido trabajando:

“¡Mas corazón en las manos!
Que todo lo que hagan nuestras manos esté lleno de amor, que no sea la cabeza la que guie nuestra vida, la que controle nuestra manera de estar en el mundo, sino la misericordia, la calidez, la sensibilidad, la ternura y la comunicación.
Echemos una mano para facilitar la vida cotidiana al que está cerca, para cambiar aquello que no funciona y daña a alguien. Vamos a llenar el mundo de detalles de ternura, de humanidad, de cuidados.
Que no haya nadie desesperado, sólo y triste, mientras otros tengamos tiempo y capacidades de querer, de acompañar y de sanar”

Es necesario ponerse en marcha más allá de lo que consigamos, alimentar en nosotras las actitudes positivas, propias del creyente, tomando conciencia de los recursos que tenemos, encontrar dentro de nosotras mismas, de desear y anhelar la fraternidad, todas tenemos un proceso personal y uno comunitario, para caminar en este proceso debemos ir alimentando nuestra vida interior desde el discernimiento, cultivando nuestra llamada, nuestro autoconocimiento, ser conscientes de quienes somos.

Todo va creando una seguridad personal, tenemos la responsabilidad de ver como encajo y codifico lo que me está pasando, que hago yo con lo que estoy viviendo, con lo que está sucediendo en la comunidad, a implicarme para vivir la llamada en gratuidad, poniéndome en camino, teniendo en cuenta las dos dimensiones la personal y la comunitaria.

Para vivir la fraternidad estamos llamadas a sembrar no importa ni el tiempo ni el lugar, este está en ti y en mí, es siempre tiempo de empezar, nos toca sembrar y confiar, no buscar lo que nosotros creemos necesitar, hay que trabajarse personalmente, curarse, madurar, crecer, para sembrar, el tiempo es ahora, porque lo tenemos que hacer nosotras mismas, donde estamos, es tarea nuestra, sirve y merece la pena, tenemos todos los recursos necesarios, que las situaciones no se apoderen de mi sino ser capaz de reubicarme de diferente manera.

Hacer un camino de desapego, cada etapa conlleva un proceso, integrar las nuevas formas y las nuevas maneras.

Para que yo aprenda el arte de vivir tengo que dejarme enseñar, no basta con vivir, tengo que poner conciencia y dejar que la vida me enseñe, pasarla por la conciencia, pasarla por la reflexión, pasarlo por la emoción, así estaré haciendo un aprendizaje, reflexionar la vida.

Hemos hecho una opción que en principio está estructurada para favorecer la reflexión: la vida de silencio, la oración, la contemplación, porque si no viviré la vida con un impermeable, no me enteraré, la fidelidad a la llamada debe llevarme a intentar darme cuenta de lo que me está pasando con las luces que se me vayan dando, lo importante no es lo que vemos sino lo que no vemos, tenemos que aprender a ver lo que no vemos, a captar la motivaciones, los significados emocionales, así puedo encontrar la luz para trabajarme, mirarme por dentro y desmenuzarme, porque solo así podremos ir creciendo y en esa medida propiciaré el crecimiento comunitario.
Encontraremos una sabiduría del corazón, que tenemos que ejercitar todos los días, una sabiduría de misericordia, que no se aprende en los libros. Tenemos que adiestrarnos en la utilización de todas nuestras potencialidades, descubrir el arte de practicar la bondad, ser expertas en lenguaje no verbal, llamadas a vivir desde los valores evangélicos.

Nos invitaba a ser capaz de reconocer lo positivo, la parte buena, ser positivas en medio de la negatividad, creando redes liberadoras, para esto tengo que aprender a romperme y reconstruirme, aunque aparentemente lo que ven nuestros ojos es lo negativo, la sombra, la oscuridad, ser capaz de mirar el lado bondadoso de las realidades complicadas.

Para ello tenemos que ser capaces de ver dentro de nosotras, que cuando todo me va mal todo me va bien, reaccionar con perseverancia y fortaleza, la crisis me debe llevar a crecer con coraje y fortaleza de ánimo. Que los obstáculos se conviertan en rocas donde apoyarme. Cuando miramos hacia detrás y vemos que fuimos capaces de salir de aquella dificultad y fuimos fortalecidas, ser capaz de ver la posibilidad, ver lo bueno de la dificultad y perseguirlo, y ponerse en una disposición positiva, perseverante, aprender a ser libres aun en medio del dolor y la dificultad, ser capaz de ver más allá, hay que creer en una misma, creer en las hermanas, en sus cualidades, en sus posibilidades, para crecer en fraternidad.

Siempre nos viene lo negativo, yo no voy a poder…hay que trabajar, hay que lanzarse, porque merece la pena, hay que poner todos nuestros recursos en marcha, con todo el realismo, ser capaz de ver lo bueno de lo que nos está pasando, porque muchas veces lo que vemos es lo que pesa, la dificultad.

En la relación con los demás, ser capaz de ver más allá de lo que vemos, ver más allá, que a veces no lo hacemos por temor, por miedo, por inseguridad.

En ocasiones nos paramos en lo que nosotras dejamos ver de nosotras mismas en lo superficial pero no es lo que yo soy, sino que hay que saltar por encima, ver donde están mis emociones, mis verdaderos dolores, los que tienen significados, ser capaz de acoger y captar mis sentimientos, como estoy codificando las situaciones que estoy viviendo, como las dirijo para mi crecimiento y el de mi comunidad, que es lo que realmente nos afecta a nosotras y a las hermanas que viven con nosotras.

Nos invitaba a ser maestras en descubrirlos, cada día, en la cotidianidad, porque cada día son distintos.

Nos adentraba en el mundo de los sentimientos que no son ni buenos ni malos sino lo importante es la gestión que se hace de cada uno de ellos. Tomar conciencia de lo que siento y ser capaz de ponerle nombre a eso que estoy sintiendo, aceptarme con ese sentimiento sea gratificante o no gratificante, integrarlos, darles su espacio. Ser conscientes de la realidad para crecer, verla como la ve Dios, saber desde donde y por quien se vive en comunidad, reconciliarse, vivirme en paz con lo que me habita. En ocasiones dejamos que la vida vaya pasando sin ser conscientes de lo que me habita de esto la importancia del autoconocimiento, ser capaz de integrar la propia sombra, para sanarse.

Para poder hacer este aprendizaje hicimos diferentes ejercicios tanto personal como en grupo tomando conciencia de nuestra situación y personalizando lo que estaba en la teoría, estas dinámicas han sido muy positivas y enriquecedoras.

El desafío que queda en estos días, es sin duda, hacernos expertas en vivir como hermanas, crecer en el arte de manejar los conflictos, de vivirlos como oportunidad para crecer. El reto no es otro que conocerse, escucharse, para encontrar en la propia historia el maestro que se mueve entre positividad y negatividad, entre recursos y dificultades hasta poder decirnos: “me quiero como soy”.

Hemos disfrutado y gozado durante esta semana, con los tiempos de oración, con los de formación, en los encuentros fraternos llenos de alegría e ilusión.

Desde aquí queremos dar las gracias a todos los que han hecho posible este curso, a la Madre Presidenta, por su empeño en nuestra formación a la querida comunidad de Mairena que nos acoge con generosidad y entusiasmo, sin escatimar detalles de trabajo y cariño.

A nuestra querida profesora Vicky por todo lo trasmitido, por ayudarnos a ser conscientes, por su empeño en que vivamos en plenitud nuestra vocación, en fraternidad. A nuestras comunidades por su esfuerzo en regalarnos unos días de formación más intensa.

A todos ¡GRACIAS!

Hna. Mª Victoria Guerra
Monasterio de Cabeza del Buey

ozio_gallery_nano

 

 

Este sitio web utiliza 'cookies' propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio. Al navegar o utilizar nuestros servicios, aceptas el uso que hacemos de ellas. Puedes cambiar la configuración de 'cookies' en cualquier momento. Política de privacidad. politica de cookies.

  
ACEPTAR