II DOMINGO DE ADVIENTO


En este segundo domingo de Adviento, salimos, de la mano de Juan el Bautista al encuentro del Señor.
"Salimos", reflejando que somos nosotros, la comunidad de los creyentes, los que nos ponemos en camino. Sin embargo, es preciso recordar que si nos podemos encontrar con Dios es, en primer lugar, porque Él sale a nuestro encuentro.
Él tiene la iniciativa en la relación con el hombre, nosotros la respuesta.
En este encuentro, -como dice la primera lectura y reitera el Evangelio-, Dios nos pone todas las facilidades y nos hace propicio el camino: "Dios ha mandado abajarse a todos los montes elevados, a todas las colinas encumbradas, ha mandado que se llenen los barrancos hasta allanar el suelo, para que Israel camine con seguridad, guiado por la gloria de Dios; ha mandado al bosque y a los árboles fragantes hacer sombra a Israel. Porque Dios guiará a Israel entre fiestas, a la luz de su gloria, con su justicia y su misericordia".
En la relación entre Dios y nosotros, en este encuentro que preparamos en el tiempo del Adviento, la iniciativa es de Él. El camino que lleva a Dios no lo hemos construido nosotros, es Dios quien lo ha trazado en la vida y obra de su Hijo Jesucristo.
No podemos olvidar que el mejor modo de estar dispuestos a recibir a Cristo en nuestra vida es una vida repleta de frutos que se corresponden con la voluntad de Dios. La justicia divina es lo que se ajusta a la voluntad de Dios. Lo que se ajusta a la voluntad de Dios es el amor universal.
El profeta Juan el Bautista predicaba un bautismo de conversión; es decir, en el cambio de mentalidad y en el cambio del proceder, para parecernos más a Jesús.
Es posible que hayamos reducido la llamada a convertirnos a un cambio de actitudes.  Pero lo que hay detrás de esta llamada es, en realidad, una invitación a vivir la vida en comunión con Dios.  Y esto sí que es buena noticia, porque lo importante es que Dios está cerca de nosotros, Él está viniendo en cada persona y acontecimiento, el Señor está llamando a la puerta de nuestro corazón y nos está tocando ya con su mano, invitándonos a caminar juntos, a mirar juntos hacia el mismo horizonte.
La conversión consiste, pues, en salir de nuestro aislamiento, dejar esa soledad egoísta en la que a menudo nos escondemos para que no nos moleste nadie y abrir nuestro corazón a este Dios que llega.
Dios está continuamente en camino hacia el hombre, hacia ti, allanando el camino, llamándote por medio de los profetas. Si quieres caminar hacia su encuentro tienes que hacerlo con frutos de justicia y con la conversión del corazón, superando los obstáculos de los valores del mundo.
Que el Señor nos ayude a dejar nuestro aislamiento y a salir a su encuentro, para que unidos a nuestros hermanos acojamos felices su venida.
 

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