"Pentecostés"


Un feligrés le preguntó a su pastor: ¿Qué puedo hacer para llegar a Dios?
Y el pastor, a su vez, le preguntó: ¿Puedes hacer algo para que salga el sol cada mañana?
Indignado el feligrés le contestó: ¿A qué vienen, entonces, tantas prédicas y tanta insistencia en la oración?
Para que estés despierto cuando sale el sol.

Hoy, Fiesta de Pentecostés, Fiesta del Espíritu Santo, Fiesta del nacimiento de la Iglesia de Jesús, estamos invitados:
- no a llegar a Dios, sino a dejar que Dios llegue a nosotros.
- no a manipular el Espíritu Santo sino a estar despiertos para recibirlo.
- no a inventar nuevos métodos de oración sino a dejar que el Espíritu nos mueva y enseñe a vivir como Jesús.
- no a ser los relaciones públicas del Espíritu Santo sino a ser personas que manifiestan el Espíritu.

La Palabra de Dios, de mil maneras, nos dice que el Espíritu Santo es el origen y el vínculo que une a Jesús con su Iglesia. Cuando Jesús nace en Belén es por obra del Espíritu, y cuando la Iglesia nace en Jerusalén es por obra del Espíritu: "todos reunidos en un lugar y todos fueron llenos del Espíritu Santo". Cuando Jesús inicia su ministerio es bajo el poder del Espíritu en su bautismo. Cuando Jesús recorre el país anunciando el Reino de Dios, es guiado por el Espíritu. Cuando los Apóstoles se abren a los gentiles, son guiados por el poder del Espíritu.
La historia de la Iglesia desde hace dos mil años no es la historia de los hombres, sino la historia que el Espíritu Santo ha escrito a través de unos hombres que se dejaron guiar por el Espíritu. La Iglesia de Jesús, la iglesia católica, fue, es y será edificada por el mejor arquitecto, el Espíritu Santo. Este arquitecto necesita muchos colaboradores y estos somos nosotros pero tenemos que conocer los planos y obedecer al arquitecto. No podemos edificar a nuestro antojo, sería otra iglesia y así surgen tantas iglesias como modas de ropas.
Pentecostés es el día en que el Espíritu Santo, como arquitecto del Padre, pone la primera piedra de la iglesia; pone su fuego en los apóstoles para que actúen y salgan de su encierro; pone su color rojo para simbolizar la pasión que sienten por el Reino de Dios, por la obra de su Maestro Jesús, y pone una lengua común, la misericordia y el amor. El Espíritu Santo, el arquitecto del Padre, este día edifica, no una torre de Babel que es orgullo, ambición, confusión y obra humana, sino una iglesia, una comunidad en la que todos tienen el mismo fuego, el mismo Espíritu y todos hablan la misma lengua y todos quieren construir la casa de Dios. La Iglesia es obra del Espíritu y por eso perdura y todo lo que es obra humana es quemado y destruido.
San Pablo, hombre del Espíritu, nos recuerda que el Espíritu distribuye dones diferentes a cada unos de sus servidores. Los dones que el Espíritu nos da no son para nuestro lucimiento sino para el bien de todos, para la edificación de toda la iglesia. La Iglesia nunca estará terminada si nosotros enterramos nuestros dones…y si no colaboramos con el arquitecto. La vida del Espíritu fluye en la comunidad porque nadie puede gloriarse de ser perfecto, nadie puede gloriarse de no necesitar a nadie. Todos nos necesitamos. Todos necesitamos del Espíritu.
Hoy, Fiesta de Pentecostés, todos podemos recibir el regalo de Jesús: El Espíritu Santo. Para perdonar, alabar, pertenecer, hablar el idioma de Dios, congregar y revelar las mil caras de Dios. "Sin el Espíritu, Dios queda lejos, Cristo permanece en el pasado, el evangelio es letra muerta, la Iglesia pura organización, la autoridad tiranía, la misión propaganda, el culto mero recuerdo y la praxis cristiana una moral de esclavos".

P. Félix Jiménez Tutor, escolapio

 

Este sitio web utiliza 'cookies' propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio. Al navegar o utilizar nuestros servicios, aceptas el uso que hacemos de ellas. Puedes cambiar la configuración de 'cookies' en cualquier momento. Política de privacidad. politica de cookies.

  
ACEPTAR