Mi hermosa María, luz de mi vida

Como todos los días 8 de cada mes, recordamos a la Virgen Inmaculada. Hoy os dejamos un testimonio entrañable de una hermana joven de nuestra Federación que comparte con nosotros como vive la vida con María Inmaculada.

«La Inmaculada para mí es como un mar de gracia profundo, cristalino, transparente… es la que me anima es mis días grises, dándome fuerzas como madre amorosa. Es mi guía y compañera en mi vida como Consagrada y como Concepcionista, ayudándome en mi seguimiento a Jesucristo como esposa y al pensar en su misterio me enseña a vivir mi vocación en pureza y Castidad.

María, con su hermosa sonrisa de Madre, enamoró mi corazón porque sabía que era el modo de abrir la puerta al soplo del Amor Verdadero. Pues Ella estuvo atenta a la escucha de su palabra en silencio, ofreciendo toda su existencia en las manos de Dios para que obrara conforme a su voluntad divina. Yo, como indigna hija suya, al igual que Ella le ofrezco a Dios mi vida y me pongo en sus manos para que obre en mí como le plazca y con Ella consagrarle toda mi existencia al más grande amor de mi vida: JESUCRISTO, en un mundo donde poco a poco se está perdiendo los valores y está construyendo su presencia y su futuro al margen Dios.

María es la que alienta nuestra esperanza porque nos dice que también nosotros podemos escapar a esta corriente de mal, que a veces nos ahoga: el pecado. María “sin pecado concebida” es la que nos da fuerza en nuestra lucha diaria para “nadar” a contracorriente en este mundo.

Me siento tan feliz y orgullosa de ser su hija y, al mismo tiempo y con mi vida, transmitir a mis hermanos lo hermosa y pura que es para mí la Virgen María y pido a Dios que su luz llegue a toda la humanidad para que les permita enamorarse como lo he hecho yo. Que puedan descubrirla como la más hermosa y pura Mujer que jamás existió, Inmaculada en cuerpo y alma, llena del Espíritu Santo, plena de humildad y fortaleza, escudo que protege y consejo que ilumina.

Acudamos a Nuestra Madre del Cielo y consagrémonos, poniéndonos bajo su manto, y pidámosle con fervor la virtud de la pureza y de la fidelidad, para cumplir bien los deberes de nuestro estado».

Hna. María Saldaña, Comunidad de Almería

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