En el camino de mi vida concepcionista

Bendigo y alabo a Dios, sumo y eterno bien, por su llamada a la vida, a la fe, por su amor salvífico, por su misericordia y por la vocación de ser en la Iglesia concepcionista franciscana y por todas las hermanas de esta Orden. En el camino de mi vida el Espíritu del Señor inspiró palabras como amor, belleza, verdad, redención, gracia, paz, unidad, armonía, entrega, … hacia las que me sentía atraída de un modo más o menos consciente. Su misericordia fue acercándome más a ellas, como si se fuera montando un puzle, en el que participaron muchos acontecimientos, personas, etc. Con sorpresa, admiración y gratitud releo mi historia y descubro esas filigranas amorosas de Dios.

En la Orden de la Inmaculada Concepción encontré el camino que daría sentido a mi vida, que me aportaría identidad, saber quién soy desde mi ser, y desde ahí aprender a mirar la realidad desde Dios, una mirada nueva y una nueva manera de ver al ser humano. Es una forma muy humana de vivir porque hoy más que nunca necesitamos humanizar la vida y todo lo que acontece en ella.

Para mí la clave la encontró nuestra fundadora santa Beatriz a finales del siglo XV, su lucidez y fe firme le aportaron fijarse en el privilegio de María concebida sin pecado y hacerlo vida. Un misterio que puede parecer lejano e imposible para nosotros, pero nada de todo eso. Es prueba de que Dios sigue confiando en nosotros, nos devuelve la dignidad de ser hijos suyos y deja a su Madre nuestro cuidado y guía. En Ella contemplamos la imagen del ser humano tal como Dios nos pensó y creó, íntegra y amorosa. Ante tanto derroche de amor mi respuesta es de entrega para seguir a Jesús y conformarme con Él como lo hizo María: Viviendo en la presencia de Dios permanentemente, en el ritmo sencillo y cotidiano de cada día, dejando que vaya tomando posesión de todas las dimensiones que me constituyen como persona, -tarea que no es fácil porque hay muchos recovecos escondidos donde aún no ha llegado su luz- y experimentando dentro de mí la vida de María al imitar sus actitudes, vividas junto a mis hermanas de mi comunidad. Un camino en el que no estoy sola, en el que experimento el gran don de tener hermanos que intenta construir la gran fraternidad universal.

Hna. Nuria Mª. Cano Jaén
Comunidad de Cuenca

 

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