ESTAD EN VELA

Hemos llegado al principio del ciclo litúrgico y al tiempo de la espera, el tiempo de Adviento. La Santa Madre Iglesia, como verdadera pedagoga, nos introduce, una vez más, en el ciclo que nos posibilita vivir todas las etapas de la vida de Nuestro Señor Jesucristo y así entrar de lleno en Su misterio, buscando en cada momento, configurarnos más y más con Él.

En este tiempo de Adviento somos invitados a meditar en la promesa de Dios hecha realidad, hecha carne, verdaderamente, por la Encarnación de Jesús en el seno de la Purísima Virgen María. San Mateo, en el Evangelio de este primer domingo, nos llama a la vigilancia. Para Mateo, la venida del Señor es segura, aunque nadie sabe el día ni la hora; los creyentes se quedan vigilantes, preparados y diligentes. Para transmitir este mensaje, Mateo usa tres imágenes. La primera es la imagen de la humanidad en los días de Noé: los hombres vivían en una inconsciencia gozosa, preocupados solo por disfrutar de su vida sin compromisos; cuando llegó la inundación, los tomó de sorpresa y sin preparación. Si "disfrutar" la vida al máximo es la máxima prioridad de un hombre, corre el riesgo de ignorar lo que es importante y no cumplir su rol en mundo; la segunda nos confronta con dos situaciones de la vida cotidiana: el trabajo agrícola y la molienda del trigo: ni los compromisos y el trabajo necesarios para la subsistencia del hombre pueden ocuparlo de tal manera que lo conduzca a descuidar lo esencial: prepararse para la venida del Señor; la tercera nos pone ante el ejemplo de un propietario que se duerme y deja que su ladrón saquee su casa. Los creyentes nunca pueden dormirse, porque su somnolencia puede hacer que pierdan la oportunidad de encontrarse con el Señor que viene.

La cuestión fundamental, por lo tanto, es la siguiente: el verdadero creyente es aquel que siempre está atento, atento y preparado para recibir al Señor que viene. Este creyente alimenta su corazón día tras día con el amor y, por eso, no toma como una carga su vida, su trabajo, el estar vigilante, sino que espera con amor al que sabe que le ama incondicionalmente. No pierde oportunidades, porque no está distraído por los bienes de este mundo, no vive obsesionado con ellos y no los convierte en su máxima prioridad. Vive abandonado día a día, confiando en su Padre Dios, viviendo con humildad su lugar en el mundo, el lugar que Dios le ha confiado, con compromiso y con sentido de responsabilidad.
Pero verdaderamente, ¿qué significa para nosotros estar “vigilantes”, “en vilo”, “estar preparados” para recibir al Señor? ¿Significa tener nuestra alma en la "gracia de Dios" para que, si la muerte llega de repente, Dios no pueda encontrar en nosotros ningún pecado no confesado y no tenga ninguna razón para enviarnos al infierno? Significa, fundamentalmente, acoger todas las oportunidades de salvación que Dios nos ofrece continuamente. Si viene a mi encuentro, me reta a cumplir una misión determinada y prefiero continuar viviendo mi vida fácil sin compromiso, estoy perdiendo una oportunidad de darle sentido a mi vida; si viene a mi encuentro, me invita a compartir algo con mis hermanos más pobres y elijo la avaricia y el egoísmo, me estoy perdiendo la oportunidad de abrir mi corazón al amor, la alegría, la felicidad.

El Evangelio que se nos propone presenta algunas de las razones que impiden que el hombre "dé la bienvenida al Señor que viene". Habla de la opción de "disfrutar la vida", sin tener tiempo o espacio para compromisos serios; cuántas personas los domingos tienen todo el tiempo del mundo para dormir hasta el mediodía, pero no para celebrar la fe con su comunidad cristiana ... Habla de obsesionarse con el trabajo, olvidando todo lo demás; cuántas personas trabajan quince horas al día y olvidan que tienen una familia y que sus hijos necesitan amor ... Habla de quedarse dormido, instalarse, no prestar atención a las realidades más esenciales; cuántas personas se encogen de hombros ante el sufrimiento de sus hermanos y dicen que no tienen nada que ver con eso, porque es el gobierno o el Papa quien tiene que resolver la situación ... Y yo: ¿qué me distrae en mi vida de lo esencial y me impide tantas veces ser consciente del Señor que viene?

En este tiempo de preparación para la celebración del nacimiento de Jesús, estoy invitado a reenfocar mi vida en lo esencial, a redescubrir lo que es importante, a estar al tanto de las oportunidades que el Señor me ofrece, a esforzarme por construir el "Reino". Esta es la mejor manera, o más bien la única, de prepararnos para la venida del Señor.

 

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