SAN JUAN BAUTISTA

En la solemnidad de San Juan Bautista, la Iglesia está llamada a proclamar la Palabra de Dios hasta el martirio. La Iglesia jamás debe tomar algo para sí misma, sino estar siempre al servicio del Evangelio.
El Santo padre Francisco señala que le impresionaba que la Iglesia eligiera como fiesta de San Juan Bautista un periodo en el que los días son los más largos del año y tienen más luz.

“Y verdaderamente Juan era el hombre de la luz, llevaba la luz, pero no era luz propia, era una luz reflejada. Juan es como una luna y cuando Jesús comenzó a predicar, la luz de Juan comenzó a disminuir y a apagarse. Voz no Palabra luz, pero no propia”:

“Juan parece ser nada. Aquella es la vocación de Juan: aniquilarse. Y cuando nosotros contemplamos la vida de este hombre, tan grande, tan potente – todos creíamos que fuese él el Mesías – cuando contemplamos esta vida, como se anonada hasta la oscuridad de una cárcel, contemplamos un gran misterio. No sabemos como habrán sido los últimos días de Juan. No lo sabemos. Sabemos sólo que fue asesinado, su cabeza sobre una bandeja, como gran regalo de una bailarina a una adúltera. Creo que no se pueda caer más que esto, anonadarse. Aquel fue el fin de Juan”.

“En la cárcel, Juan experimentó la duda, tenía una angustia y llamó a sus discípulos para ir a Jesús preguntarle: ‘¿Eres Tú, o debemos esperar a otro?’

En su vida hay ‘oscuridad, el dolor. Ni siquiera esto le fue ahorrado a Juan, la figura de Juan me hace pensar tanto en la Iglesia: La Iglesia existe para proclamar, para ser voz de una Palabra, de su esposo, que es la Palabra.

Y la Iglesia existe para proclamar esta Palabra hasta el martirio. Martirio precisamente en las manos de los soberbios, de los más soberbios de la Tierra.

Juan podía hacerse importante, podía decir algo por sí mismo... sólo esto: indicaba, se sentía voz, no Palabra. El secreto de Juan.

¿Por qué Juan es santo y no ha pecado? Porque jamás, tomó una verdad como propia. No quiso hacerse ideólogo. El hombre que se negó a sí mismo, para que la Palabra descienda. Y nosotros, como Iglesia, podemos pedir hoy la gracia de no convertirnos en una Iglesia ideologizada…

La Iglesia debe escuchar la Palabra de Jesús y hacerse voz, proclamarla con valentía. Aquella es la Iglesia sin ideologías, sin vida propia: la Iglesia que es el ‘mysterium lunae’, que tiene la luz de su Esposo y debe disminuir, para que Él crezca: Este es el modelo que Juan nos ofrece hoy, para nosotros y para la Iglesia.

Una Iglesia que esté siempre al servicio de la Palabra. Una Iglesia que jamás tome nada para sí misma.

Pidamos la gracia de imitar a Juan, sin ideas propias, sin un Evangelio tomado como propiedad, sólo una Iglesia voz que indica la Palabra, y esto hasta el martirio. ¡Así sea!”.

(Papa Francisco.)

Este sitio web utiliza 'cookies' propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio. Al navegar o utilizar nuestros servicios, aceptas el uso que hacemos de ellas. Puedes cambiar la configuración de 'cookies' en cualquier momento. Política de privacidad. politica de cookies.

  
ACEPTAR