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«Una sola cosa pido al Señor, que yo habite en su casa para siempre».

“Él me esconderá en lo oculto de su tienda, sobre una roca me levantará (...) Dice mi corazón: «Busca su rostro»” Sl 26(27). Cómo dice el Salmo 26, el Señor me quiere ocultar en su tienda, haciéndome vivir solo para Él.

Yo, por mi parte, “una sola cosa pido al Señor, que yo habite en su casa para siempre”, que Él me haga fiel a su Amor, y principalmente que mi vida en la Casa del Señor sea testimonio de la Verdad y para la Verdad. “Espero en el Señor, nada temo”, mi vida es ya enteramente suya, él “me guarda en todos mis caminos” (cf. Sl 91).

“A ejemplo y honra de María Inmaculada, libre y voluntariamente me consagro a Dios con todo mi ser y me comprometo a seguir a Cristo según la forma del santo Evangelio y a vivir en fraternidad (CC.GG 29 –Formula de la Profesión).

Quiero “seguir a Cristo con mayor libertad y amarlo más de cerca”, seguirlo en la pobreza y en la humildad, quiero escuchar su voz en el silencio y la soledad del Claustro, quiero vivir la radicalidad del Evangelio como lo hizo María, quiero abandonar la vanidad del mundo y vivir el ocultamiento silencioso como nos lo enseñó Santa Beatriz. Por eso, libre y voluntariamente me he consagrado Dios, o antes, libre y voluntariamente he aceptado la consagración que Dios ha hecho de mi vida, para así vivir la verdadera libertad, dedicarla enteramente a Dios, voluntariamente entregarme a la obra de salvación y configurarme cada día más con Jesucristo… A ejemplo de María y bajo su protección de Madre.

Pido al Señor que mi vida, así como también la vida de todas las Concepcionistas, sea testimonio de entrega radical a lo único Absoluto; que con nuestra vida el mundo sepa “que todo pasa y solamente Dios permanece”; que por este Tesoro que es Dios y el Reino, merece la pena dejar todo, “vender todo, para comprar la tierra donde está el tesoro”; que nuestra vida sea el Evangelio vivo, para hacer Vivir a los hombre y mujeres de un mundo atormentado por de la muerte.

Pido a María Inmaculada, que nos enseñe a vivir la pureza de corazón e la pobreza de espíritu, para permanecer de pie junto a la Cruz de Jesús manifestada en tantas cruces del mundo de hoy.

Pido a Santa Beatriz que nos enseñe a vivir el Carisma que nos confió, viviendo ocultas solo para el Esposo, para servir cada vez más y mejor la Iglesia.

Pido al Señor y a María que hagan brotar frutos de santidad en nuestra Orden y en la Iglesia, para que con nuestra vida ninguna alma se pierda, y lleguemos todos, un día, a la eternidad, a la Verdadera Vida.

(Mi Profesión Solemne, 4 de octubre del 2020)

Sor Maria do Carmo de Jesus Escondido
Comunidad de Campo Maior

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