Una sacudida para nuestra pereza

Nos preparamos para celebrar con mucho gozo la memoria de nuestras Beatas Mártires Concepcionistas Franciscanas, Sor María del Carmen Lacaba y 13 compañeras.

Para nosotras, hijas de María Inmaculada y Beatriz de Silva, nos resulta aún más fuerte y entrañable esta celebración, donde vamos a beber a la fuente de la radicalidad evangélica, al seguimiento de Jesucristo en la simplicidad y frescor de la primera hora, a la elección del Padre a ser santos e inmaculados en Su presencia. Todo esto hace estremecer nuestros corazones, en una mezcla de alegría y temblor ante el desafío que se presenta ante cada una de nosotras, ante cada uno de los hijos de Dios: dar la vida por la fe en Jesucristo y su Iglesia. Dar la vida no siempre en un martirio sangriento, como las Beatas Concepcionistas, sino esta disposición permanente a dar la vida cada día en las cosas pequeñas que se nos presenten, a poner todo nuestro corazón en lo que hacemos y ofrecerlo con amor a Jesús y a María.

El ejemplo de las 14 Mártires es hoy para todos nosotros una agitación para nuestra pereza y comodismo, es un grito de que es posible, – ¡y Dios Padre lo desea muchísimo!– ser santos. Tomando las palabras del Santo Padre Pablo VI en la homilía de la canonización de Santa Beatriz, las podíamos aplicar a Sor María del Carmen Lacaba y sus compañeras: «Los santos representan siempre una provocación para el conformismo de nuestras costumbres, consideradas sabias sencillamente porque nos resultan cómodas. El radicalismo de su testimonio quiere ser una sacudida para nuestra pereza y una invitación al redescubrimiento de algún valor olvidado».

Y también algunas palabras de la homilía de la beatificación de las Mártires: «El testimonio de estas beatas constituye un ejemplo vivo y cercano para todos. Su muerte heroica es un signo elocuente de que la vitalidad de la Iglesia no depende de proyectos o cálculos humanos, sino que proviene de la adhesión total a Cristo y su mensaje de salvación. De ello eran muy conscientes estas monjas nuestras que sacaron fuerzas no de un deseo de protagonismo personal, sino de un amor sin reservas por Jesucristo, incluso a costa de sus vidas. Su existencia es como un mensaje directo a las personas consagradas y a los fieles laicos de hoy. A los consagrados, las nuevas beatas dicen que permanezcan fieles a la vocación y gocen de la pertenencia a la Iglesia, sirviéndola a través de su Instituto, en una vida intensa de comunión fraterna, en la perseverancia y en el testimonio de su propia identidad religiosa. A los fieles laicos, recuerdan la necesidad de escuchar y obedecer dócilmente la Palabra de Dios, que todos estamos llamados a vivir y anunciar en virtud del bautismo».

¡Beata María del Carmen Lacaba y compañeras mártires, rogad por nosotros!

 

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