Mártires del Monasterio de Escalona

Madre María de San José (Josefa Otoiz)

Se desconocen los datos exactos de su nacimiento ya que fue puesta en el torno de la Casa de Acogida en Pamplona.

Vivió en dos casas de acogida. En agosto de 1892, cuando Josefa tiene 23 años solicitó el ingreso en el monasterio Concepcionista de la Encarnación de Escalona y entró como religiosa de coro.

Quienes la recuerdan, mencionan un conjunto de valores personales, que la describen como una religiosa sumamente sencilla, abierta, fácilmente accesible y cercana, confiada y cariñosa y muy servicial. Estuvo 25 años como abadesa del convento, ya que sin duda reunía cualidades extraordinarias para la atención de las religiosas y el gobierno del monasterio.

Su relación con las hermanas de la comunidad era muy maternal. A este vivir volcada en sus monjas, unía a sor María de San José una responsabilidad extraordinaria para las cosas que se relacionaban con el monasterio. Basta leer las numerosas cartas que se conserva, enviadas al superintendente de las religiosas, de la Curia toledana, en las que se refleja su carácter espontáneo, sencillo y confiado, quizás sea lo más exquisito y emocionante de su persona.


Sor María de la Asunción Pascual Nieto (Asunción Pascual Nieto)

Nació en Villarobe, un pueblo ya desaparecido de Burgos, el 14 de agosto de 1887. Disfrutó pocos días de su madre, ya que fue depositada en el torno de la Casa de Cuna de Burgos. Ingresó en el monasterio de Escalona el 6 de junio de 1909, quedando incorporada como religiosa de coro y cantora.

Hasta su abandono forzoso del monasterio en 1936, los superiores le confiaron cargos en las que las relaciones personales eran un factor importante. Así se le asignó primero el oficio de enfermera, luego en el torno y más tarde el de la puerta.

El monasterio de Escalona tenía para entonces 14 religiosas. Todas fueron trasladadas a Madrid a varias cárceles. Finalmente, doce de ella lograron la libertad. Poco se sabe de sor María de San José Itóiz y de sor María Asunción Pascual Nieto, abadesa y vicaria respectivamente. Parece ser que ambas fueron víctimas de las bandas incontroladas de milicianos durante la persecución religiosa de 1936.

cf. «Inter Universa», Boletín de la Federación Santa Beatriz de Silva, Castilla

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