SANTA BEATRIZ DE SILVA, SOLEMNIDAD

“La doncella sólo tiene que preocuparse de las cosas del Señor” Meditando sobre la vida de Santa Beatriz de Silva, me vienen a la mente estas palabras tan oportunas de San Pablo en su primera carta a los Corintios, lectura esta que puede ser leída en la Eucaristía de la solemnidad, que queremos celebrar este año con renovado gozo y gratitud. La verdad es que Beatriz se ocupaba de las cosas del Señor, cuidaba de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor (1 Cor 7, 32-33); volcó todo el sentido de su existencia a no estar dividida, a estar centrada en un solo objetivo: discernir en cada momento lo que agradaba al Señor. Ésta ha de ser también la meta de la concepcionista al final de cada día: “¿Me he ocupado de las cosas del Señor, he cuidado de las cosas del Señor, he buscado agradarle en todo lo que pensé, dije, hice?” ¿Y qué cosas son éstas, las cosas del Señor? Miremos la vida de la Santa Madre Beatriz… Desde niña, y en un entorno muy concreto, vive con su corazón puesto en Dios, haciendo todo lo que hacían las jóvenes de su edad, pero con su mirada siempre en el Señor. Cuando se retira a Santo Domingo, se recoge para entregar su vida y para guardar con el silencio y la oración la petición de la Virgen Inmaculada y su deseo de realizarlo. Mientras tanto, según nos cuentan muchos testimonios de su proceso de canonización, vivía como señora de piso, pero con la devoción, recogimiento y obediencia de cualquier monja del monasterio, practicando una caridad revestida de humildad. Las cosas del Señor adquieren nueva modalidad cuando, en 1484, se retira a los Palacios de Galiana para, finalmente, llevar a cabo la fundación de un monasterio en honor del misterio de la Inmaculada Concepción de la Virgen María. En su nueva y única forma de vida se dedica a venerar, honrar, celebrar este misterio singularísimo con que la Santísima Trinidad quiso preparar María de Nazaret para ser la Madre del Hijo de Dios, y así alabando y dando gracias sin cesar al Altísimo por su eterna bondad y misericordia. De su mirada, de su mente y de su corazón no se ha apartado nunca el cuidado de vivir agradando a Dios. Cristo Redentor y su Purísima Madre son las dos caras de la única moneda que le interesó desde siempre a Beatriz. Esta entereza y no división del corazón fueron lo que le permitieron no alejarse de lo que agradaba al Señor y buscarlo siempre más y más, sobre todo, cuando parecía no ver claro el camino a seguir. Así también la verdadera hija de Santa Beatriz de Silva hará de su vida una búsqueda, unas veces caminando por senderos más iluminados, otras medio a oscuras, pero siempre segura de saber cuál es su única ocupación. Que la Virgen Inmaculada y la Santa Madre Beatriz sean siempre faros y estrellas, alumbrándonos en este divino camino que, por pura gracia del Padre celestial, estamos recorriendo. ¡Felicidades en la Solemnidad de Santa Beatriz de Silva! Hna. Inês Bigodinho Monasterio de Campo Maior (Portugal)

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