EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ, fiesta

“Tu cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección alabamos y glorificamos; por el madero ha venido la alegría al mundo entero”


¿Qué sentido puede tener celebrar una fiesta que se dice de la “exaltación de la cruz” en una sociedad que busca apasionadamente el máximo bienestar? Puede que alguien aún se pregunte cómo es posible hoy exaltar la cruz. ¿No ha quedado ya superada esa forma de buscar el sufrimiento y exaltar el dolor?
Sin embargo, los cristianos cuando adoramos la cruz no estamos sobrevalorando el sufrimiento, la inmolación y la muerte, sino el amor infinito de Dios, su cercanía y misericordia hacia el hombre, pues ha querido compartir nuestra vida y nuestra muerte hasta el fondo.
No es el sufrimiento lo que nos salva, sino el amor de Dios que conecta con las historias dolorosas de los hombres. Tampoco es la sangre la que purifica, sino el amor inmenso de Dios que nos acoge como hijos queridos.
Descubrir la grandeza de la cruz es saber percibir la fuerza liberadora que se encierra en el amor cuando es vivido en toda su profundidad. Ésta es la cruz que nos salva y da vida.

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