"Domingo de Ramos"
Este Domingo la liturgia nos pone delante de un contraste de emociones. Si por una parte celebramos la alegría de la victoria de Jesús, con la alegría de su entrada triunfante en Jerusalén (celebrada en la procesión de Ramos); por otra parte, celebramos el dolor de Jesús en Su Pasión y muerte (Evangelio de la misa).
La procesión de ramos recuerda aquél día en que Jesús entra en Jerusalén, aplaudido por la muchedumbre con ramas de palmas y de olivo en las manos. Las Palmas eran símbolo de fecundidad y riqueza para el pueblo judío y se podía utilizar para hacer pan y miel. Así, la gente que aplaudía a Jesús, profetizaba Jesús como alimento de vida nueva. Las ramas de Olivo son símbolo de la Paz; la paz que solo Jesús, el Rey de la Paz, puede traer a nuestros corazones.
Por otra parte, la celebración de la Palabra de la misa de este día recuerda la Pasión y muerte de Jesús, recordando el camino que Jesús hizo hasta el calvario para salvar a la humanidad. Un camino de dolor, de humillación y de injusticia. Camino que es necesario recorrer para vencer la muerte y el pecado. Este camino hacia el calvario es símbolo de los caminos de nuestras vidas; caminos de pecados y muertes, que, con la gracia y la misericordia de Dios, se hacen caminos de vida nueva cuando con Amor abrazamos la Cruz y la llevamos con un corazón manso y humilde.
Este Domingo, contemplemos el Camino que es Jesús, que fue alabado e glorificado en su entrada en Jerusalén, pero tuvo también él que recorrer el camino del sufrimiento siendo humillado y escarnecido por aquellos que antes le habían aclamado en el camino. A lo largo de esta Semana Santa, demos gloria a Dios por el camino que hemos recorrido hasta ahora (con momentos de gloria y momentos de dolor y humillación) y pidámosle que, a imagen de María, sigamos caminando firmes en la fe, con los ojos en la esperanza del Cielo.



