Santa Beatriz, estrella para nuevos rumbos
Hoy es día 17 y como todos los 17 recordamos a nuestra Santa Madre Beatriz, por eso, a continuación, compartimos el testimonio de una hermana de la federación.
«¡El título de este libro del congreso de los 500 años de la Orden de la Inmaculada Concepción siempre me ha interpelado! ¿Qué nuevos rumbos nos propone Santa Beatriz hoy?
Yo creo que, en un mundo que se deja seducir por tantas inutilidades, Santa Beatriz en su ocultamiento silencioso nos apunta hacia algo muy importante: la pureza y la simplicidad, la alegría y la fiesta, el perdón y el amor, la humildad y la inocencia, la escucha y la abnegación de nosotros mismos. ¡Nos apunta para Dios!
Santa Beatriz no es de muchas palabras. Al acercarnos a ella, al meditar sobre su vida, descubrimos un precioso tesoro, y ella, como maestra y amiga, empieza a enseñarnos en la escuela de María Inmaculada lo que a lo largo de toda su vida ha aprendido. Por eso, cuando pienso en nuestra Santa Madre, lo que me viene a la mente es la pureza de su vida. Vida envuelta en silencio, recogimiento hecho oración de intercesión por la humanidad.
En mi vida, yo intento traducir esto de forma sencilla, en el amor para con mis hermanas y con quien toca a la puerta de nuestro Monasterio. La pureza no se manifiesta solamente en la forma de vestir, pero también en los criterios de vida que tenemos, en las palabras, en los pensamientos, en el modo cómo nos relacionamos con las personas. ¡Digamos que la pureza se manifiesta en todo! ¡Y Dios nos invita a esa pureza de vida, a la pureza de corazón! Desde niña esta virtud me ha cautivado. Es verdad que no siempre la pude vivir en mis elecciones diarias, pero siempre la he procurado. Como modelos de pureza tengo a la Virgen Inmaculada, Santa Beatriz y Santa Inés.
Y ahora pregunto: ¿Hoy, alguien procura vivir la pureza? ¿Dónde está la pureza en nuestra sociedad? ¿Y los niños? ¿Con qué valores están siendo educados? Como podemos percibir, hoy, la virtud de la pureza es una perla difícil de encontrar, por unos, despreciada y por otros ignorada, tan difícil de verla es.
Nuestra forma de vida, en su misma esencia, invita a la simplicidad, a la alegría y a la fiesta. Tan sólo es suficiente ver los colores de nuestro hábito. Más allá del simbolismo Mariano-Inmaculista, hay también una invitación a vivir “en la tierra como en el Cielo.” En la vida fraterna de cada día, me alegro de ver la sonrisa de nuestra hermana mayor, que en su simplicidad e inocencia nos hace reír. Pero cuando miro por la ventana, veo tantas veces el rostro triste y los ojos empapados de lágrimas de las personas que pasan. Personas tristes y deprimidas. Y me pregunto ¿por qué? ¿A los ojos del mundo no debería ser al revés? ¡Somos nosotras que estamos encerradas! ¡Somos nosotras que hemos renunciado a tantas cosas, como móviles, ordenador personal, ropas de última moda, etc.! Y, sin embargo, ¡somos tan felices!
¿Que tenemos nosotras que las demás personas no tengan? La respuesta es simple: ¡Intentamos Amar! Es ese el testimonio y la herencia que la Santa Madre nos dejó. La fraternidad, la pureza, la oración y el silencio. Vivimos en un mundo ruidoso, que procura alejarnos de Dios. Santa Beatriz, teniendo todo lo que una joven de su tiempo deseaba tener, ha renunciado a todo y ha procurado el silencio del claustro para unirse a su Esposo Jesús. “Escondida del mundo, cautiva de Dios” era su deseo y así ha sido su vida. Sea también así nuestra vida de cada día.
Yo comparto con vosotros algo que he aprendido: en medio de la noche, se contempla mejor el cielo, las estrellas son más luminosas; y cuanto más oscuro, más brillantes ellas son, más bellas se vuelven. Lo que la naturaleza nos enseña…En medio de las dificultades que aparecen a lo largo de nuestra vida, es necesario procurar a Dios en todo. Nada de lo que acontece es en vano, pues, “todo sucede para el bien de los que aman a Dios”. Es necesario rezar en medio de las dificultades, como Santa Beatriz en el cofre. María Santísima nos guiará siempre a Jesús. “Tened confianza, Yo he vencido el mundo” nos ha dicho Jesús».
Hna. Ana Beatriz do Menino Jesus, OIC, Comunidad de Viseu



