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ABRAZO DE AMOR DOLOROSO ENTRE HIJO Y MADRE


14 Septiembre 2017
ABRAZO DE AMOR DOLOROSO ENTRE HIJO Y MADRE

La liturgia nos propone en este mes de septiembre la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Dejémonos tocar por el misterio de la cruz del Señor como exaltación. “Así como Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del Hombre” (Jn 3,14; Dn 7,13). Juan nos explica el misterio del Verbo Encarnado en el movimiento paradójico del descenso-ascenso (Jn 1,14.18; 3,13). Y es éste el misterio que ofrece la clave de lectura…

La exaltación de Jesús está justamente en este bajar hasta nosotros, hasta la muerte, y una muerte en cruz, desde la cual él será levantado como la serpiente en el desierto y “todo el que la mire … no morirá” (Núm 21,7-9; Zc 12,10). Este mirar a Cristo ensalzado, Juan lo recordará en la escena de la muerte de Jesús: “Mirarán a aquel que traspasaron” (Jn 19,37). En el cuarto Evangelio, dirigir la mirada quiere significar “conocer”, “comprender”, “ver”. Muchas veces el secreto de nuestra fe está entre este MIRAR Y CREER. Habrá que volver la vista a Jesucristo, levantado en alto sobre la cruz. Mirarle a Él equivale a creer en Él y aceptarlo como Salvador.

ESTE MISTERIO REVELA EL GRAN AMOR QUE DIOS NOS TIENE.

“Tiene que ser levantado el Hijo del hombre”
Levantado sobre los intereses humanos, Jesús reina...
Levantado por encima de las expectativas del tener, del poder o del placer, Él se convierte en fuente de limpia esperanza. Levantado en la cruz, Él es el signo de la salvación y de la nueva alianza que Dios ofrece a la humanidad “Para que todo el que crea tenga por él vida eterna”. Este árbol único en nobleza produce los mejores frutos. El poste vertical se convierte en cruz al encontrarse con el horizontal. La vida eterna es don que viene de lo alto, pero espera la acogida de los que hacen de la fe un camino y una convicción, un talante y una entrega.

Estas palabras hacen resonar en el corazón concepcionista Aquella que mejor vivió este admirable misterio de amor y dolor… «CON MARÍA, MATER DOLOROSA, ESTAMOS A LA SOMBRA DE LA CRUZ… Estamos con ella en el silencio del Calvario, y vemos brotar sangre y agua del costado traspasado de su Hijo. Al tomar conciencia de las terribles consecuencias del pecado, nos sentimos impulsados a arrepentirnos de nuestros propios pecados …» (S. Juan Pablo II)

A María le salpicará la sangre de su Hijo; sentirá en tu carne las llagas que se le abran por los caminos; le abofetearán con las bofetadas que él reciba; le herirán sutiles y burdas espadas que rasgarán su corazón. Se quedará perfectamente unida a Cristo, su Hijo. “María sigue a Cristo por la escucha fiel de su palabra, por el servicio y por la entrega de los derechos maternos junto a la cruz (Jo 19, 25) y se convierte en camino de seguimiento.” (CC.GG. 12)

ORACIÓN

María, asociada a Jesús, nos habéis alcanzado la paz con vuestra guerra al pecado; nos habéis iluminado las sendas de la vida con las huellas de sangre que salpican cualquier camino de santidad; nos habéis devuelto la condición de hijos… ¿Podrán seguir los hombres ignorando la redención por la cruz y muerte?

¡Son demasiadas espadas en el corazón del hombre las guerras, hambres, marginaciones, que se suman a las heridas del Cuerpo Místico de Cristo!

Para que actuemos con sabiduría, convócanos a todos junto a la cruz , en lo alto del Calvario, y haznos escuchar el tierno mensaje de tu Hijo:
“Mujer, ahí tienes a tus hijos”

“Hijos, ahí tenéis a vuestra madre”

CUESTIONATE…

  •  ¿Qué significa en tu vida la exaltación de Cristo y qué papel juega la Cruz?
  •  Este movimiento de descenso-ascenso ¿qué consecuencias conlleva, para ti, en la vivencia de la fe?