Carta del Hno. Asistente en el dia de Santa Beatriz
Fr. Joaquín Domínguez Serna, Asistente.
A LA ATENCIÓN DE LA MADRE PRESIDENTA Y HERMANAS DE LA FEDERACIÓN SANTA MARÍA DE GUADALUPE
DE LA ORDEN DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN
Queridas hermanas: Paz y Bien en el Señor y en su Madre Inmaculada.
Cada 17 de agosto supone para mí una cita deseada con cada hermana de la Federación y quiero felicitar vuestra vocación a la luz de la santidad de Beatriz, la sierva del Señor y de su Madre Inmaculada.
El Papa Francisco en su Exhortación Evangelii Gaudium quiere que la Iglesia esté en permanente estado de "salida": "...todos estamos llamados a esta nueva «salida» misionera... todos somos invitados a aceptar esta llamada: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio" (EG 20). Esa luz del Evangelio ha sido y lo es también ahora la fuerza central de la actividad misionera de cada comunidad cristiana. Volver a la alegría del Evangelio, poner el Evangelio en el centro y situarnos en estado de salida para evangelizar es buena noticia que resuena con novedad en muchos creyentes y debe seguir siéndolo porque el Espíritu es quien anima los corazones de los creyentes y quien impulsa todo proyecto de evangelización.
La espiritualidad de la "salida", de ponerse-en-camino o del éxodo no es una sorpresa. La Iglesia, sobre todo en Cuaresma, muchos fundadores en su experiencia personal y muchos consagrados o consagradas, de un modo u otro, hemos hecho experiencia de salida o de éxodo, porque una voz, un impulso, una palabra ha pronunciado nuestro nombre y nos ha indicado. "sal, ve, ponte en camino y ve a la tierra que yo te mostraré". Así, en la medida que vamos hacia la meta nos alejamos del origen, como cuando viajamos. Abandonamos peso y carga, seguridades y comodidad, rutinas y posesiones... para ganar en agilidad y provisionalidad, ligereza y disponibilidad, novedad y providencialidad... Así se configura la identidad del verdadero peregrino: frágil, necesitado, apenas tiene nada, sólo lo justo... pero es afable, confiado, se relaciona fácilmente con los demás, y está abierto a todas las intervenciones de la Providencia.
En esta "operación salida" quizás el Papa está pensando que en la Iglesia hay más de posada o de estabilidad que de ponerse en camino, de salir… y comprende que la estabilidad y la defensa de las seguridades ya ha dado todo lo que podía dar de sí. Quizás está indicándonos que hay que cambiar de mirada, de acento y de centro: el del Evangelio, que es en verdad la única seguridad que tienen los que peregrinan bajo el manto del Reino y el palpitar de las Bienaventuranzas. Y cuando esto es así, hay alegría, mucha alegría por recibir el Evangelio y también por Evangelizar.
Algo de esto me sugiere la misma Biografía de Beatriz. Su vida es un elogio a la espiritualidad de la "salida". Ella sale del Reino de Portugal, sale de la corte del rey castellano, sale del Monasterio de Santo Domingo el Real... y sale de Santa Fe finalmente de este mundo, sin ver concluida la obra proyectada. Y ella puede preguntarnos hoy: ¿Cómo van vuestros movimientos de salida? ¿Qué inquietudes marcan vuestros pasos y hacia dónde se dirigen vuestros intereses y proyectos? Porque Beatriz nunca salió ni viajó sin rumbo, nunca vagó en la incertidumbre ni en el entretenimiento, ella estuvo siempre en permanente estado de salida, de éxodo, con tal que se cumpliera el proyecto, con tal que la obra de Dios llegara a su término, sin ser obstáculo ni poner impedimento.
Su proyecto, además, que giraba en torno a la simplicidad de la Virgen sin mancha y a una vida sencilla y austera, no buscaba la notoriedad ni un triunfo desmedido. Y aunque no tengamos referencias directas ni citas literales del Evangelio, es seguro que a Beatriz le inspira la senda evangélica, los pasos del Redentor y de su Santísima Madre, los consejos evangélicos y un modo de vida ajustada a las enseñanzas que el mismo Señor enseñaba mientras "iba de camino" con sus discípulos.
La simplicidad y limpieza de vida que quería en su comunidad tiene mucho que ver con un rostro más ágil y menos complejo que el de otras familias monásticas de aquel tiempo. A la larga, Beatriz solicita y quería un género de vida sencillo, fraterno, evangélico, y lleno de armonía y de belleza en torno a Jesucristo y en honor de la Limpia Concepción de María.
No está de más en este tiempo recuperar este género de vida en simplicidad y armonía. Seguro que es otro medio muy acorde para evangelizar: "Al cristianismo le ha hecho mucho daño a lo largo de los siglos el triunfalismo, la sed de poder y el afán de imponerse a sus adversarios. Todavía hay cristianos que añoran un Iglesia poderosa que llene los templos, conquiste las calles e imponga su religión a la sociedad entera... Jesús deja claro que la tarea de sus seguidores no es construir una religión poderosa, sino ponerse al servicio del proyecto humanizador del Padre (el reino de Dios), sembrando pequeñas "semillas" de Evangelio e introduciéndose en la sociedad como pequeño "fermento" de vida humana... Hemos de confiar en Jesús. El reino de Dios siempre es algo humilde y pequeño en sus comienzos, pero Dios está ya trabajando entre nosotros promoviendo la solidaridad, el deseo de verdad y de justicia, el anhelo de un mundo más dichoso. Hemos de colaborar con él siguiendo a Jesús. Una Iglesia menos poderosa, más desprovista de privilegios, más pobre y más cercana a los pobres, siempre será una Iglesia más libre para sembrar semillas de Evangelio, y más humilde para vivir en medio de la gente como fermento de una vida más digna y fraterna" (J.A. Pagola, Homilía, Dom XVI, TO).
Tal vez Beatriz quería al principio un solo monasterio en donde honrar a la Inmaculada, sin gran notoriedad ni triunfalismo, sin llamar excesivamente la atención, con el solo propósito de ser semilla humilde y pequeña, pero semilla del Reino, en consonancia con la Palabra Evangélica y que más tarde se recoge en la Regla: «Quien a vosotros os escucha, a mi me escucha; y quien a vosotros os rechaza, a mi me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado,» (Lc 10, 16; ASP V, 16). De este modo, sigue diciendo el Papa Francisco, "la Palabra tiene en sí una potencialidad que no podemos predecir. El Evangelio habla de una semilla que, una vez sembrada, crece por sí sola también cuando el agricultor duerme (cf Mc 4,26-29). La Iglesia debe aceptar esa libertad inaferrable de la Palabra, que es eficaz a su manera, y de formas muy diversas que suelen superar nuestras previsiones y romper nuestros esquemas (EG, 22). La vida monástica no puede quedar al margen de todo intento evangelizador, el Evangelio debe ser su centro, y desde dentro, el Evangelio debe ser fermento en la masa que crece y transforma. Como la semilla, como la Palabra, como el Reino... Beatriz nos dejó un testimonio del valor de lo pequeño, de lo silencioso, de la humildad, de la blancura, de la Belleza... como la Inmaculada... como el Reino.
Con mi recuerdo y oración, Feliz día de Santa Beatriz.


