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Crónica del II curso de jóvenes Profesas Solemnes


07 Julio 2014

PARA TI  TOCARÉ EL ARPA DE DIEZ CUERDAS (SAL 144)

“Los Consejos evangélicos”

Una vez más, nuestra Federación Santa María de Guadalupe, ha brindado a las hermanas jóvenes de votos solemnes, una semana de estudio, reflexión y oración para seguir ahondando en la esencia de nuestra vida consagrada a Dios, a la Iglesia y a toda la Humanidad.

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Nos hemos reunido en la Casa Federal en Mairena del Aljarafe, del 29 de junio al 5 de julio de 2014, 12 hermanas provenientes  de las comunidades de Cádiz  Santa María de la Piedad, Cádiz Santa María, Campo Maior (Portugal), Lebrija, Plasencia y Viseu (Portugal).

Después de la llegada de todas las hermanas participantes, la Madre Presidenta, la hermana María de la Cruz, nos dio la bienvenida tras de la oración de Vísperas, animándonos a aprovechar el regalo de este encuentro formativo, como oportunidad para profundizar el tema de los consejos evangélicos, que es tan fundamental en nuestra vocación religiosa contemplativa concepcionista.
Al igual que el año pasado, este curso fue impartido por nuestro hermano franciscano Fr. Manuel Díaz Buiza, que aportó no solo sus conocimientos, sino su experiencia personal de vida creyente y consagrada, ayudándonos a ver nuestra vocación y los elementos que la integran desde una clave existencial vital.

El telón de fondo de estos días ha sido el Salmo 144:

Bendito sea el Señor, mi roca,
que adiestra mis manos para la batalla,
mis dedos para el combate.

Te cantaré, oh Dios, un cántico nuevo,
PARA TI TOCARÉ EL ARPA DE DIEZ CUERDAS (…)

PARA TI TOCARÉ EL ARPA DE DIEZ CUERDAS, fue el estribillo que resonó en cada uno de estos días. Fue la invitación a  dejar resonar todas las cuerdas de nuestra vida  de mujeres creyentes y consagradas de forma melodiosa, convirtiendo nuestra vida de consagración a Dios y a  todos los hombres y mujeres, en un canto armonioso y en un baile festivo y gozoso de quien puso su corazón en Dios y se dejó llevar por El.
Fr. Manuel ha dejado muy claro que en el combate de la vida espiritual, en la aventura de aceptar el desafío de hacer un viaje por nuestro mundo interior, es Dios  quien nos capacita para salir victoriosas de las batallas con El mismo, con los otros, con nosotras mismas. Es el Señor quien  adiestra nuestras manos, quien educa nuestra existencia.
Nos hemos detenido a reflexionar sobre las cuerdas que, actualmente, suenan bien y las que necesitan de afinación en nuestra vida personal y comunitaria.
La vida está compuesta de muchas cuerdas, pero estos días nos hemos centrado solamente en afinar algunas: vivir en verdad, la oración, la castidad, la  obediencia y la pobreza.

La cuerda de vivir en la verdad

La VERDAD forma parte del ADN de nuestra existencia. Nos ha sido lanzado el gran desafío de coger la vida en nuestras propias manos, haciéndonos conscientes  de los hilos que la mueven, no olvidando que nuestro proyecto de vida  consiste en vivir siempre según el Espíritu de Dios.
Fuimos invitadas a hacer un viaje a nuestro mundo interior: a descubrir nuestra verdadera identidad, nuestros dinamismos internos, a llegar a saber quienes somos o sea llegar, a partir de la verdad, a tener un conocimiento real de nosotras mismas, pasando a la aceptación personal e integración de quien se es y de la realidad de nuestra historia, realizando un continuo, y jamás terminado, proceso de integración y maduración personal.
Cuando una acepta el reto de conocerse a sí misma y andar en la verdad, muy probablemente puede descubrir OBSTACULOS que no nos permiten ser auténticas: los MONTAJES y los MIEDOS.
Los montajes parten de una realidad positiva, pero aquello que se busca al vivirla no ayuda a crecer en autenticidad y según el Espíritu.
Los miedos nos atrapan y nos hacen vivir en la superficie de la existencia, buscando vivir en parcelas, dejándose llevar por el miedo a ser libre y la dialéctica en la que se mueve la sociedad de consumo: trabajo – consumismo. Estos obstáculos nos hacen vivir entretenidas, en vez de dar calidad  y hondura a nuestra vida.

La cuerda de la oración

Una cuerda fundamental en nuestra vida de creyentes y consagradas a Dios es la oración.
Se nos invitó  a cultivar el silencio y la soledad para poner todas nuestras potencias a la escucha  del Espíritu. Para descubrir la hondura del amor de Dios y descifrar su voluntad en nuestras vidas, en las circunstancias que nos toca vivir cada día.
Fr. Manuel, nos  presentó una imagen de la vida de oración muy bella: el baile de la obediencia.  Dejarse llevar por Dios, sin oponer resistencia, de aquí para allá y de allá para acá, de forma ligera y activa. El baile es cosa dos y es Dios quien tiene la iniciativa de sacarnos a bailar. Es confiar, dejar que El marque el ritmo. Es dejar que sea El lo dueño de nuestra vida, dejando espacio al Espíritu y así nuestra existencia se convertirá en una danza gozosa  y no marcada por la rutina y el desencanto. Todos los acontecimientos se convierten en  joya de la danza con Dios, que exige  soltura, libertad del corazón, pasión de amor.
La oración es adentrarse en un Tú, dejando nuestro individualismo. Es entregarse. Es experiencia viva de Dios, que cuando dejamos que nos envuelva nos renueva, nos lleva a vivir la vida de cada día con intensidad, con pasión. No es fruto de  nuestro esfuerzo, pero don de Dios, que se intenta retribuir en medio de nuestra pequeñez y limitaciones.
La experiencia de Dios  es lo único que tenemos para regalar al mundo, ayudando a todos los hombres y mujeres a descubrir la verdadera sabiduría, aquella que el mundo no puede dar.  
Nos hemos confrontado con el camino de oración de S. Pablo:
a)    Hacer de toda la vida un canto de alabanza. La oración metida en el entresijo de lo cuotidiano.
b)    Oración de alabanza y acción de gracias. Cuando uno es capaz de dejar de pedir y pasa a dar gracias por todo lo que le sucede, la vida cambia y gana la solidez que viene de la fe.
c)    El cosmos nos invita a hacer de todo lo que hay en él un canto de alabanza a Dios.
d)    La oración apostólica  es una oración que lleva siempre a la Trinidad.
e)    La oración es continua y bíblica. Es don de Dios. El Espíritu viene en nuestro auxilio porque no sabemos que pedirle, por eso basta darle espacio para que sea Él quien ore en nosotros.

La cuerda de la afectividad

La  afectividad es una clave fundamental para conocernos.  Es importante  darse cuenta de que la afectividad compromete a toda nuestra persona enraizándose incluso en niveles inconscientes. La afectividad va más allá de  de la mera emotividad, es la relación personal con un tú distinto de una misma.
Amar y ser amada  es donde se juega toda nuestra vida. Madurar afectivamente tiene que ver con el aprendizaje del amor. Significa dejarse afectar por lo que pasa, es  y eso ocurre en la medida que una se va aceptando, integrando. Por eso es tan necesario aclarar el mundo de pulsiones, sentimientos. Es un camino siempre en proceso. Y según sea el aprendizaje, así se va a vivir.
La afectividad es de particular importancia porque:
1.    La verdadera relación con Dios es en definitiva, relación afectiva y no de emociones.
2.    Madurar afectivamente tiene mucho que ver  con aprender a amar.
3.    En la afectividad entra el cuerpo, la sexualidad, lo emocional, la ternura, las relaciones interpersonales desde la donación gratuita. 
La libertad es el gran fruto de la fe y uno de los criterios de madurez afectiva. Tenemos que luchar por ser libres, teniendo una postura autónoma ante la existencia. Hay dos mecanismos: la autoafirmación y la agresividad.
Madurar afectivamente significa objetivar, reconocer, dar nombre y aceptar nuestros sentimientos. Ser dueñas de nuestras emociones. Implica capacidad de abrirse al otro en verdad.
La maduración tiene todo que ver con la relación con Dios. “Quien no ama a su hermano a quien ve, ¿cómo va amar a Dios a quien no ve?” (Jn 4).
En nuestro interior hay una gran riqueza interior (instinto, pulsiones, emociones, sentimientos) que necesita de ser “organizada”, trabajada. La respuesta de una persona consagrada pasa por canalizar, sublimar toda esta riqueza, entregándose al cuerpo de la Iglesia, en el servicio incondicional a todos.

La cuerda de los consejos evangélicos

La clave de identidad de los religiosos son los consejos evangélicos. Ellos son  un estilo de vida escogido, son una actitud ante la vida, no son predominantemente renuncia, aunque esta opción de vida, como cualquier otra, la comporte.
Hoy, los votos no son cuestionados por lo que son, sino como se viven. Ellos deben ser el motor de nuestra vida.
Si no sabemos encarnar los votos en las aspiraciones de los hombres y mujeres de hoy, no nos sirven.  Y los hombres y mujeres aspiran a la libertad (obediencia), a la solidaridad (pobreza) y a la felicidad (castidad). Con los consejos evangélicos  queremos decir a todos, que  Dios nos da aquello que ellos buscan en otro sitio.
Desde esta clave, la revitalización  empieza por poner las cosas en su sitio, en la esencia de nuestra vida: los consejos evangélicos  cuyo reto será su poder de lo autentico. Vida religiosa auténtica familiarizada con la pobreza, escuchando la voz de los pobres, resuelta a mantener una castidad liberadora, siendo amante audaz, comprometida a escuchar   las voces del mundo.

La cuerda de la castidad

En el voto de castidad se ha superado la idea de la perfectibilidad, de la asexualidad y se ve desde una nueva perspectiva – más oportunidad que negación. Más dimensión que permite ser persona, más integración del alma y cuerpo  que división.
Esta nueva perspectiva aporta   beneficios. El voto de castidad se convierte en un símbolo de vida entregada por entero.
La castidad necesita de una purificación constante, progresiva de un amor narcisista y adolescente, para emprender y progresar en un camino de relaciones maduras, gratuitas, puras, libres de egocentrismo. La castidad consiste en amar a todas las personas con intensidad, pero sin retenerse en ninguna.
Es una aventura interior que pretende amar bien a los demás, con generosidad, sin reservas. El voto de castidad hunde sus raíces en el amor incondicional de Dios. Es aliento en las relaciones. Libera al alma y la dispone para cumplir la voluntad de Dios.
Para vivir la castidad es indispensable  aprender a vivir el silencio y la soledad  “habitada  por Dios”. La vida fraterna es una ayuda preciosa para vivir la castidad. Esta da cohesión a  las relaciones.

La cuerda de la obediencia

La obediencia que se entiende hoy busca por encima de todo la dignidad y la libertad de la persona humana.
El icono de la verdadera obediencia es el relato del diálogo entre Jesús y Pilatos. Esta obediencia obliga a optar. Entraña peligro al instituido, pues por encima de todo está la dignidad de la persona. Vive en la tierra, pero siempre con la mirada puesta en el Reino de los cielos. Está siempre dispuesta a servir. Lleva a escuchar no solamente la autoridad, sino a la misma vida. El voto potencia personas de escucha. Hay que cultivar  la docilidad activa al Espíritu Santo.
La autoridad funciona  cuando sabe dar unidad, cohesión  y dirección al grupo. Se vuelve guía y acicate hacia la meta, sabe generar confianza, sentido de pertenencia.
Por el voto de obediencia la comunidad se vuelve una empresa de iguales en busca de la voluntad de Dios.
El voto de obediencia funciona bien cuando hace visible a toda la humanidad la obediencia a la ley superior, la reverencia humana y la voluntad de Dios y nos llama a todos a escuchar  lo que realmente está reclamando nuestra respuesta moral.

La cuerda de la pobreza

El voto de pobreza no tiene que ver con aquello que poseemos, sino con la actitud que tenemos en relación a ello. 
El voto de pobreza libera la persona de la avidez de acumular, de la sed de poseer, de absolutizar las cosas. No es ascesis egocéntrica, sino camino de solidaridad, de justicia.
Por el voto de pobreza  somos llamadas a canalizar la bondad de Dios, siendo generosos con los demás.
Es necesario estar cerca de los pobres, desprivatizar nuestras propiedades y hacer  un camino de conversión personal.

Llegadas al fin de estos días de reflexión fuimos invitadas por Fr. Manuel, a hacer la renovación de nuestra consagración al Señor.

Por la tarde, a la hora de vísperas, tuvimos la oración en el jardín, donde las jóvenes hemos compartido una oración de acción de gracias al Señor, por la vida de la Madre María de la Cruz, pues  era su cumpleaños (4 de julio) y por todos los años dedicados al servicio de nuestra Federación, pues se avecinan nuevos tiempos en el camino federal. Al final de esta celebración tan emotiva, tuvimos la cena merienda al aire libre, donde han confluido el gozo, la fraternidad, la acción de gracias, la comunión, el entusiasmo y el deseo intenso por vivir con radicalidad nuestra vocación concepcionista como habíamos profundizado a lo largo de estos días.

Agradecemos a todos cuantos han hecho posible este encuentro formativo: la Federación en la persona de la Madre María de la Cruz, la Comunidad de Mairena que nos ha acogido con tanto cariño, a nuestras comunidades por su esfuerzo en darnos la oportunidad de disfrutar de estos días de reflexión y a Fr. Manuel por compartir con nosotras su experiencia de vida y ayudarnos a vivir de una forma, cada vez más consciente, la  hermosura de nuestra vocación de consagradas.

Ante la inmensa gracia de Dios, nuestra única actitud solo puede ser: ¡DAR GRACIAS continuamente!


Hna. Magda Mª da Cruz Filipe
Monasterio de Campo Maior