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Lebrija: Profesión solemne de tres hermanas.


16 Octubre 2014

Las hermanas Concepcionistas Franciscanas de la comunidad  de Lebrija, comparten con vosotr@s  su alegría por la profesión solemne de las hermanas: Blanca Amelia, Annastaciah y Yukunda.
La celebración se llevo a cabo  el 12 de octubre,   fue presidida por Fray Joaquín Domínguez Serna, O.F.M. Asistente federal y concelebrada  por  9  sacerdotes.
Agradecemos a las hermanas de la Federación su asistencia y también a las que, desde  sus   Monasterios elevaron sus súplicas a Dios en favor de nuestras hermanas.

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Hermana Blanca Amelia Juchuña Catú

Gozo, alegría, gratitud a Dios y a las hermanas…, impotencia, nervios, se dieron cita en mi corazón el pasado 12 de octubre, pero más allá de todos los sentimientos, la certeza que el amor de Dios y su fidelidad me sostienen y que María Inmaculada,  Beatriz y mis hermanas  siempre me acompañan  y me animan a seguir en  este divino camino, hacia Jesucristo Redentor 
¡¡Gracias hermanas por vuestras oraciones!! Os pido que sigáis pidiendo por mí para que no caiga en saco roto todo el derroche de gracias  que Dios me ha concedido en estos días  y que mi vida  desde el silencio del claustro y en  continua oración sea una oblación a Dios a favor de la humanidad.

Unid@s siempre en  Jesucristo Redentor y en María Inmaculada.

Hermana Annastaciah  Mwongeli

Ave María Purísima
El agradecimiento brota de un corazón humilde, pero al mismo tiempo, el habituarnos a dar gracias a Dios por todo puede ir haciendo humilde nuestro corazón. Al final de cada día nos hace bien entonar un cántico de acción de gracias por tantos bienes recibidos o mantenidos.
El magnificat es la mejor expresión de agradecimiento y el mejor tratado de humildad. Glorifica mi alma las maravillas del Señor, porque he podido experimentar el amor y la ternura de Dios y su misericordia en un mes de retiro y  por haberse  fiado de mi, a pesar de los pesares.
El 12 de octubre fue un día  importante para mí, pues pronuncié el SI definitivo, al igual que María, nuestro modelo, como respuesta de amor a la vocación recibida y al desposorio  con Cristo Redentor.

Quiero ser fiel al Señor con la intercesión de  María,  Beatriz  y la ayuda de las hermanas;
Siento mi fragilidad, pobreza e impotencia, pero al mismo tiempo su amor me hace confiar. Como San Pablo,  nada podrá separarme  del  amor de Cristo.

Hermana Yukunda John Kimati

¿CÓMO PAGARE AL SEÑOR.,..?
Sí, hermanas, ha sido en verdad, una lluvia de gracias que quiero compartir  con vosotras, aunque confieso que no tengo palabras para expresar todo lo vivido en este día de mi consagración religiosa, que ha tenido un antes y un después….
El mes de preparación ha dejado huellas en mi vida, pues ha sido una experiencia contemplativa que con palabras de san Pedro me hacia exclamar: !que bien se está aquí Señor! Haz que esta experiencia me sirva para ser mas tuya, mas auténtica  en mi vivencia vocacional concepcionista.
Al comenzar los ejercicios tenía mucho miedo, pensaba que no sería capaz de estar un mes retirada…! me supo a poco, pues fueron unos días de gracias que no puedo  olvidar.  ¿Que diré del día 12 de octubre, fiesta de nuestra Señora del Pilar, en que fui consagrada y dí mi respuesta  a Dios y el “SI” ante la Iglesia  y mis hermanas de serle fiel por toda mi vida?  Pues que me siento indigna de tanto don y desde lo hondo de mi ser vuelvo a repetir! Gracias, gracias Señor!
Fue un día repleto de gozo que aumentaba por momento al  ver llegar a las hermanas de distintos Monasterios que venían  a compartir con nosotras este  acontecimiento. Esta presencia de hermanas, es un signo de fraternidad Federal, de Orden…A  todas mi agradecimiento por vuestra  presencia y cariño, por vuestros obsequios, que  hago extensivo a  las hermanas que de otras formas se han hecho presente  Gracias hermanas,  el Señor os pague con creces como lo deseo desde mi corazón.
La Eucaristía fue  presidida por nuestro P. Asistente Joaquín Domínguez, franciscano.  Concelebrada por nueve sacerdotes, Franciscanos y Diocesanos, actuaron de acólitos tres seminaristas. Mi felicidad era plena, gozaba y sufría por mi debilidad, por el recuerdo de mi familia, ausente, amigos  sacerdotes, religiosas y tantas personas que me han ayudado material y espiritualmente. Durante la postración mi emoción aumentaba por la oración litánica que  invocaba la intercesión de  todos los santos por nuestra fidelidad.

“Señor, que no sea solo un día de fiesta y alegría, sino de una entrega de todo lo que soy y poseo. Cuento contigo y la ayuda de mis hermanas para la perseverancia final en este camino comenzado.”